El sudoeste de la provincia de Buenos Aires está teniendo uno de los años más lluviosos de su historia. Las capas freáticas ya no tienen la capacidad de absorción, y los pequeños pueblos son los que deben sufrir las consecuencias. Con los caminos rurales inundados, los niños no pueden ir a clases, los tamberos no pueden sacar su producción y las comunidades aisladas deben esperar que no pase ninguna emergencia. Algunos pueblos sólo les queda esperar que las nubes pasen para que se seque algo el camino de salida. 

Este último fin de semana el Distrito de Adolfo Alsina debió padecer la caída de 100 mm en pocas horas,  los arroyos que rodean la ciudad de Carhué –cabecera del Distrito- y que nacen en las sierras de la Ventania, se desbordaron provocando que unos de los barrios del ejido urbano tuviera problemas con la llegada de una masa importante de agua que debió ser sacada cortando terraplenes. Una familia debió ser evacuada, y muchas casas tuvieron hasta medio metro de agua en su interior. Pueblos como Gascón, están muy comprometidos, con caminos bajo agua.

Así mismo, debido al infrecuente nivel de agua que cayó, las lagunas cercanas también tuvieron un crecimiento. El lago Epecuén, que está a orillas de Carhué, comenzó a recibir agua, en lo que va del año aumentó casi un metro su cota. En 1985, la Villa Turísica Epecuén, se inundó en pocas horas debido a un proceso de entrada de agua similar. En aquellos años, la lluvia fue mayor, y la villa llegó a estar diez metros bajo agua. Hoy, ya sin agua, las ruinas de aquella ciudadela, son uno de los destinos turísticos más visitados de Argentina. Aunque la entrada de agua en este último tiempo, comienza a preocupar a las autoridades, y a un pueblo que tiene un enorme respeto y temor al agua.

San Miguel Arcángel, una colonia de alemanes del Volga que está rodeada de lagunas, este año debió permanecer aislada por las lluvias, que hicieron crecer estos espejos de agua, pero como el fenómeno climático se extiende por toda la región, el agua que cae en Distritos más altos, baja buscando su natural camino hacia las zonas llanas, como San Miguel. Esta última semana, nuevamente la localidad de 400 habitantes debió padecer el asedio del agua. “Cuando todo parecía que se había terminado, con el cambio de El Niño a La Niña, y porque se esperaba que los últimos meses del año fueran secos, ha llegado esto: se ha duplicado el nivel de lluvias, las napas ya no absorben más y los campos están encharcados. Estamos igual o peor que en abril”, declaró al diario La Nueva el Intendente de Adolfo Alsina David Hirtz.

La realidad no es diferente en Puan, Saavedra, Coronel Pringles y La Madrid, donde caminos vecinales se hallan intransitables por la caída de importantes precipitaciones. El noreste de la provincia tiene problemas de intensas precipitaciones, y también recibe agua del Río V que viene cargado desde el sur de Córdoba.

Oeste, sur y centro y en sus principales cuencas, Buenos Aires es una provincia con un grave problema hídrico. La gobernadora María Eugenia Vidal para el presupuesto 2017 pretende destinar  27 mil millones de pesos para 2017. De ese total, unos 9.400 millones se destinarán a obras de agua potable, saneamiento y control de inundaciones. Lo cierto es que pasan los años, y los habitantes de los pequeños pueblos deben ser los únicos en sufrir una y mil veces, la misma situación.