Es otoño, pero como uno anda en mangas cortas, no parece. Es Chaco, pero así -verde y húmedo- tampoco parece. Es una oveja, con cara de oveja, con ojos de oveja, con porte de oveja, pero parece cualquier otro animal menos una oveja. Se trata de la raza Santa Inés, cruza entre la raza italiana Bergamasia o Bergamasca y la brasileña Morada Nova, muy popular en los países con clima tropical como Colombia o Brasil y desde hace dos años presente en el Chaco.

Mirá el Video de la oveja comiendo.

Las crían y las reproducen en el Juan Penco, un establecimiento provincial de Makallé (a 40 kilómetros de Resistencia) dedicado a la genética ovina y caprina, reinaugurado hace dos años (existe desde 1989) con el objetivo de desentrañar los mejores sistemas de cría y reproducción de cabras y ovejas para abastecer a los pequeños productores. El objetivo es que salgan del autoconsumo de sus animales para empezar a sumar al mapa provincial de carne. 

“No es de buena calidad la producción lanera del Chaco”, dice Marcelo Carbajal, veterinario del ministerio de Producción provincial. Por eso apuntamos a las razas carniceras, deslanadas, que evitan el problema de la esquila, porque como es lana de baja calidad y no se justifica el gasto en tiempo y dinero, el productor no la esquila y eso repercute en un desarrollo deficiente del animal. Ahora, con estas razas que incorporamos se dio un resultado espectacular en los primeros análisis que estamos haciendo”.

Otro médico veterinario, William “Billy” Mayer, es el encargado del establecimiento Juan Penco (donde hace unos meses ensayan el forraje hidropónico para abastecer de verde a los animales). Cuenta que además de la Santa Inés, crían la raza caprina Dorper (cruce entre tres razas: dorset, black head y persia) es de origen sudafricano. “Las que trajimos acá las importamos de Nueva Zelanda. Y las Santa Inés las trajimos de Marcos Paz, Buenos Aires”, dice Mayer.

Ambas razas son de doble propósito porque además de su carne se utiliza su piel. La Santa Inés tiene cualidades distintivas como para pensarla ama y señora de la provincia: es un animal rústico y precoz, adaptable a diversos sistemas de cría y pasto. El carnero Santa Inés adulto puede alcanzar los 85 kilos a pasto natural. El manejo es similar al de las cabras, porque tienen facilidad para atravesar obstáculos para buscar comida sin perder sus condiciones nutricionales.

Además, tiene un buen aprovechamiento de la comida: es capaz de formar los nutrientes necesarios a pesar de no consumir alimentos de primera.
“La idea es que la ganadería que hoy es de subsistencia aumente para poder vender los animales sin que merme la cantidad que los productores suelen carnear para consumo propio. Antes, un productor carneaba uno y producía 10; hoy sigue carneando uno y produce 20”.

Una parte muy importante para acompañar la producción es que la necesidad nació al revés: la carne de cabra y oveja es muy pretendida fuera del país. De hecho, Chaco, como provincia, vende carne de ambos animales a Angola, Hong Kong, Saint Martin, gracias al frigorífico de la cooperativa Trento-Chaqueño, un establecimiento Clase A, apto para exportar.

“Queremos fomentar la cría de ovejas en la provincia”, dice Carlos Corsi, el director de Producción Animal de Chaco. Y agrega sobre el punto más difundido de las políticas de Estado y de las empresas en la última década: el valor agregado en origen: “En 2004 vendíamos la res entera carneada, pero hoy mandamos seis cortes. Eso nos llevó a pelear el precio: hace nueve años nos pagaban 1,20 dólares; hoy cobramos 3,30”, revela. La carne sale de Chaco, va por tierra los 1500 kilómetros hasta el puerto de Buenos Aires y desde ahí zarpa hacia Angola. Por lo general, mandan la mercadería en contenedores con 20 toneladas.

A las 400 mil cabezas de ganado ovino que registra la provincia en la actualidad las quieren duplicar, según los dichos del ministro de Producción y Ambiente, Enrique Orban. “Queremos tener un millón de cabezas de cabras y ovejas”, dijo. Es una meta que, saben, va a llevar años. Sobre todo porque el trabajo es en una provincia grande que concentra su producción de cabras en El Impenetrable: los departamentos de General Güemes y Almirante Brown ocupan el 43 por ciento de la provincia del Chaco. Desde allí sale el 52 por ciento de la producción caprina. Pero empezaron la tarea por la parte más importante: la búsqueda de una salida. El resto, saben, llegará con el tiempo.

 

Fotos: Jazmín Arellano