La basura plástica de los mares tarda mucho tiempo en desintegrarse en partículas más pequeñas, muchas de las cuales son más livianas que el agua y flotan sobre la superficie de los océanos. La incidencia del sol y el movimiento de las olas las desintegran más aún. Finalmente, los trocitos ínfimos de plástico va a parar al estómago de animales pequeños, de aves marinas, mamíferos marinos o peces.

Cada año al menos 8 millones de toneladas de plásticos son vertidas en el océano, lo que equivale a desechar el contenido de un camión de basura en el océano cada minuto“, indicó el trabajo presentado por la Fundación Ellen MacArthur.

“Si no se toman medidas -agrega el informe- se espera que aumente a dos camiones por minuto en 2030 y cuatro por minuto para el año 2050“. El trabajo, titulado “Economía de los Nuevos Plásticos. Repensando el Futuro de los Plásticos“, presenta una visión de la economía global en la cual se impulsa el reciclado de esos productos, y subraya pasos concretos en torno a alcanzar el cambio sistémico necesario.

Los biólogos estudiaron el contenido del aparato digestivo de 290 peces, entre ellos, caballas, lenguados, arenques, bacalaos y limandas, que fueron atrapados en el Mar Báltico y el Mar del Norte, y descubrieron que las caballas habían tragado plástico mucho más a menudo que peces que viven más cerca del suelo, como los lenguados o las limandas. Según la región en la que se capture a los peces, los investigadores hallaron plástico en un 13 a un 30 por ciento de las caballas.

Los arenques, sin embargo, parecen más predispuestos a engullir plástico de acuerdo con las estaciones del año. “Se supone que eso se debe al comportamiento alimentario de los peces”, explica el biólogo Gunnar Gerdts, director del estudio. Resultó evidente que las caballas confunden los restos de plástico en la superficie con su presa.

El informe está apoyado por los principios de la economía circular, “una economía destinada a mantener a los materiales en su máximo valor en todas las oportunidades”. Al evaluar por primera vez y de manera integral los flujos globales de los envases de plástico, el informe destaca que la mayoría de los envases de plástico “se usan solo una vez, es decir que el 95 por ciento del valor del material del recipiente de plástico se pierde en la economía después del primer uso“.

La llamada “Economía de los Nuevos Plásticos” impulsa la utilización de un nuevo modelo “basado en crear caminos efectivos para el plástico después de su uso; reducir drásticamente el derrame de plásticos en sistemas naturales, en particular océanos; y encontrar alternativas al petróleo crudo y el gas natural como materia prima de la producción de plástico“.

La producción de plásticos aumentó en los últimos 50 años, desde las 15 millones de toneladas en 1964 a 311 millones de toneladas en 2014, y se espera que duplicará esta cifra en los próximos 20 años ya que los plásticos tienen cada vez más usos, según indica el informe. Los envases de plástico sigue siendo el mayor uso y actualmente el embalaje representa el 26 por ciento del volumen total de los plásticos utilizados.

En la Argentina, la Cámara Argentina del Plástico reconoció que esos materiales “tienen una imagen considerablemente negativa ante el consumidor final en términos medioambientales” y dijeron que a ello contribuyeron diversos aspectos “relacionados con la contaminación visual, falta de educación y ausencia de políticas para el manejo eficaz de residuos sólidos

“Los esfuerzos de las asociaciones gremiales deben ir desde apoyar y asesorar sobre leyes nacionales, hasta ir a los colegios a enseñarles a los niños el manejo correcto de los residuos y promover el reciclaje como fin de vida”, indicaron.

Los investigadores no encontraron indicios de que los peces se enfermaran por haber ingerido partículas de plástico. El estudio tampoco señala que la ingestión de caballa u otros peces contaminados con plástico pueda ser peligrosa para la salud humana. “Muchas partículas están en los órganos digestivos”, aclaró Lars Gutow, otro de los expertos del instituto. Pero a los peces se les extirpa esos órganos antes de ser puestos a disposición del consumidor, las partículas no desembocan en el plato. Sin embargo, no queda claro del todo si los productos que libera el plástico al desintegrarse pueda pasar a la circulación sanguínea de los peces y, de ese modo, a la comida.