Por Matilde Moyano

En Argentina habitan más de 38 Pueblos Originarios organizados cada uno política y territorialmente según su propia cosmovisión, pero con los mismos valores: la reciprocidad, el respeto, la complementariedad y equilibrio con todos los seres de la naturaleza con los que coexistimos.

Ellos son los pueblos Mapuche, Q’om (Toba), Kolla, Pilagá, Mocoví o Moqoit, Tehuelche, Selk’nam, Myba Guaraní, Ava Guaraní, Wichi, Diaguita, Huarpe, Tonocote, Rankulche, Chulupí, Chorote, Tupí Guaraní, Chané, Tapiete, Charrúa, Comechingón, Ocloya, Omaguaca, Avipon, Yamanas, Yaganes, Quechua, Querandí, Tilian, Tilcara, Vilela, Lule, Iogys, Sanavirón, Nivaclé, Atacama, Chicha, Chané, Guaycurú.

En el Día del Respeto a la Diversidad Cultural‘, el Encuentro Nacional de Organizaciones Territoriales de Pueblos Originarios (ENOTPO) compartió con nosotros su manera de recordar el 12 de octubre, y podés leerlo a continuación:

“Cada 12 de octubre los Pueblos Originarios recordamos la invasión y saqueo de nuestros territorios y el inicio del genocidio originario. La violencia perpetrada contra nuestros Pueblos durante más de 5 siglos está grabada en nuestros cuerpos, en nuestra memoria y en nuestra vida cotidiana.

La invasión del Abya Yala (nombre dado al continente americano por el Pueblo Kuna) marcó el comienzo de un proceso colonizador a nivel mundial y significó el inicio de un largo proceso de apropiación territorial, saqueo, mercantilización de la naturaleza, evangelización y destrucción de las culturas originarias que desde tiempos ancestrales vivimos en este territorio.

Cuando Colón llegó a lo que hoy es América comunicó a la reina de España: “Son la mejor gente del mundo y sobre todo la más amable, no conocen el mal –nunca matan ni roban-, aman a sus vecinos como a ellos mismos y tienen la manera más dulce de hablar del mundo, siempre riendo. Serían buenos sirvientes, con cincuenta hombres podríamos dominarlos y obligarlos a hacer lo que quisiéramos (…)” (Pigna F.; 2004). “En las dos primeras semanas de anotaciones en el diario, hay una palabra que se repite setenta y cinco veces: ORO” (Lapolla A.; 2013).

Según consta el Archivo de Indias en Sevilla “solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a Sanlúcar de Barrameda 185.000 kilos de oro y 16.000.000 de kilos de plata provenientes de América” (Lapolla A.; 2013). Eso es solo una parte de lo que los españoles se robaron a costa de nuestro trabajo esclavo y de la muerte de millones de hermanos y hermanas. Gracias al saqueo de nuestros territorios Europa hoy es lo que es.

Lamentablemente, el despojo, la codicia, el saqueo, la muerte y la esclavitud no son parte del pasado y los Pueblos Originarios seguimos siendo víctimas de estos actos de barbarie, ya no por conquistadores de largas barbas, espada y armadura, sino por sus continuadores: oligarquías terratenientes, empresarios, políticos, gobernadores y jueces, con ayuda incondicional del brazo armado del Estado, las fuerzas de (in)seguridad.

Estos sectores oligárquicos y empresariales hoy están a la cabeza del Gobierno Nacional y no tienen escrúpulos para seguir avanzando, como lo hicieron sus padres y abuelos (y como lo hizo Colón), hacia sus intereses económicos sin importar el medio.

En los últimos meses han proliferado en los medios corporativos de comunicación peligrosos discursos estigmatizantes contra los Pueblos Originarios (basados en una ideología razista, xenófoba y discriminatoria) que buscan criminalizarnos y, de este modo, deslegitimar nuestras demandas y reclamos por nuestros derechos.

En el corto período que lleva el gobierno de Macri, lo poco que se había construido en materia de políticas públicas de participación y de reparación histórica hacia los Pueblos Originarios fue desguazado.

No es casual que el prócer preferido del presidente sea Julio Roca, ejecutor de la campaña genocida contra los Pueblos Originarios de la Patagonia. Ni que en el marco de los festejos por el Bicentenario de la Independencia, en un gesto de profunda subordinación, Macri pidiera perdón al rey de España.

De igual modo se explican las expresiones del Ministro de Educación de la Nación Esteban Bullrich reivindicando la “Campaña del desierto”, a través de la cuál miles de indígenas fueron asesinados y 11 millones de hectáreas fueron repartidas entre 300 familias, entre ellas la familia Bullrich. Asimismo, también es representativo el caso del actual Jefe de Gabinete Marcos Peña, heredero de los estancieros Braun-Menéndez, dueños de los supermercados “La Anónima”, que desde finales del siglo XIX iniciaron un genocidio contra el pueblo Selk´nam para expandir sus latifundios.

En este contexto político de restauración conservadora que se vive en Argentina, con la CEOcracia y la Sociedad Rural a la cabeza, los terratenientes se sienten más impunes y tienen luz verde para avanzar sobre nuestros territorios, continuando con el proceso de colonización iniciado hace más de 500 años.

Ante este contexto de violencia y desprotección total por parte del Estado, desde el ENOTPO nos declaramos en ALERTA Y MOVILIZACIÓN en defensa de nuestros territorios y derechos como Pueblos Preexistentes.

Desde el retorno a la vida democrática los Pueblos Originarios nos hemos fortalecido en nuestros procesos colectivos y orgánicos. No buscamos el cuidado de nadie ni deseamos ser integrados a nada. Exigimos el reconocimiento de nuestras identidades y derechos como Pueblos preexistentes. Queremos la restitución de nuestros territorios y desarrollarnos en libertad desde nuestra propia cosmovisión, en interacción recíproca y complementaria con todos los seres y elementos de la naturaleza, en el marco de nuestro derecho a la autonomía.

El camino iniciado es irreversible y nuestros territorios no se negocian. Nuestras identidades no van a morir, sino por el contrario siguen floreciendo. La memoria de nuestros ancestros Kajfvkvra, Chelemin, Viltipoco, Kallchaki, Guacurarí, Lefxarv, Megueso?ochi, Bartolina Sisa, Tomás Paniri, Tupac Amaru, sigue viva en cada lucha y el legado renace en nuestros territorios, fortaleciendo nuestro espíritu como Pueblos Originarios.

– Exigimos al Gobierno Nacional, al INAI y a los organismos de todos los niveles abocados a la política pública para los Pueblos Originarios que respeten y hagan cumplir los derechos de nuestros Pueblos con la debida Participación, Consulta y Consentimiento Libre Previo e Informado a través de nuestras instituciones representativas legítimas, tal como lo manda la normativa nacional e internacional, lo cual no se está cumpliendo.

– Exigimos Justicia para Javier Chocobar a 7 años de su asesinato y Juicio y cárcel para los asesinos Darío Amín, Humberto Gómez y José Valdivieso.

– Exigimos al INAI que garantice la seguridad jurídica de nuestros Pueblos y Comunidades viabilizando los Servicios de Fortalecimiento Jurídico necesarios para hacer frente a los conflictos territoriales.

– Denunciamos la sub-ejecución del presupuesto del INAI por las actuales autoridades, lo cual tiene como consecuencia un presupuesto menor para el año 2017 y nos condena a una situación de desprotección y abandono por parte del Estado.”