En el paraje salteño Los Naranjos, cerquita de Rosario de la Frontera; en Tulumba, Córdoba; en Famatina, La Rioja, se preservan reliquias como los Cristos articulados. Son imágenes confeccionadas con una estructura de madera recubierta en cuero en las extremidades que les permiten movilidad. Y así, cuando se celebra alguna fecha especial en la liturgia católica, se desmonta y se lleva en procesión o simplemente la gente puede acercarse a la figura. En general, su confección fue elaborada por manos indias. Sin embargo, en la parroquia Exaltación de la Cruz, en Puerto Santa Cruz, este Cristo articulado, dicen, vino directamente desde Turín, Italia, en el mismo barco en el que llegó la veintena de vitraux, obras de arte hechas a mano en Alemania, como también las campanas, para la inauguración del templo, allá por 1909.
“Las campanas tienen en su interior inscripciones en latín referidas a algún Santo”, cuenta a El Federal un historiador de alma nacido y criado aquí como Marco Marinkovic. Sin embargo, más de un año de sumergirse en los archivos históricos salesianos no lograron aclarar de dónde surgió el Cristo articulado. “Es un misterio”, dice. La Parroquia fue diseñada por el padre salesiano y arquitecto Juan Bernabé, que construyó el templo de Punta Arenas (Chile), Río Grande (Tierra del Fuego) y en la actual capital santacruceña de Río Gallegos. Pero la de aquí es la única de material construida con ladrillos también fabricados aquí. Fue uno de los primeros edificios de material. Hay orgullo en esta ciudad cuando se exhibe su templo, donde también han recalado músicos y coros de todas la latitudes, pues su acústica invita a disfrutar de los clásicos y de la música sacra especial para sumergirse en este mundo.
Al cumplirse el siglo de esta parroquia, se editó un sello postal para conmemorar su historia. Una de sus personalidades, James Lewis, quien acompañó a El Federal en este recorrido, abrió la puerta pesadísima de roble e invitó a entrar y sentir el silencio profundo que iluminan los haces de luz que se descomponen en miles de colores cuando traspasan cada vitreaux. Es una música especial. En el año 2000 se celebró el Año Santo. En ese momento, la Santa Sede determinó que los obispos señalaran en sus diócesis varios templos a los que el Papa les concedería los mismos privilegios que a la Basílica de San Pedro. Este privilegio sólo lo declara el Papa cada 25 años, para lo cual hay que ingresar a la Basílica de San Pedro (Italia) por la famosa Puerta Santa que se abre sólo en cada Año Santo y orar ante el sepulcro de San Pedro. Así fue que con el cambio de siglo, la Parroquia Exaltación de la Cruz fue declarada “Puerta Santa”. Cuando el padre Felipe le contó a El Federal el significado de los vitraux eligió una anécdota: un niño le pregunta a su madre qué son los vitraux y la madre le responde: son los Santos. Cuando la maestra de catequesis pregunta qué son los Santos, el niño responde: son los que dejan pasar la luz. Entonces –dice el padre Felipe- es la luz que aclara el misterio de lo Divino y de los Santos.
En otra latitud, Marco Marinkovic se ríe junto con El Federal con su “título de historiador amateur” y señala: “Soy almacenero, pero después fui presidente de una cooperativa y así sucesivamente hasta ser legislador por Puerto Santa Cruz”. Su familia, y cerca de 70 Marinkovic, arribaron después de la Primera Guerra Mundial, provenientes del mismo pueblo. Se crió junto a la escuela salesiana y su parroquia. Y su investigación de los archivos salesianos lo llevó a elaborar el mayor trabajo sobre su ciudad. Pero esta historia es para otra nota. Vamos por más.