Antes de Monsanto las familias cultivaban y vivían con normalidad, las malezas existían y la propia naturaleza ejercía un equilibrio, volviendo más resistentes las semillas. Pascal Poot dejó la escuela a las siete años y desde entonces se ha dedicado al cultivo y al estudio de las semillas en su campo, hoy a las 52 años ha conseguido crear un método para que el tomate crezca en un terreno rocoso, sin agua y sin agregarle ni una sola gota de pesticida. El caso sorprende y demuestra que antes y durante Monsanto, otra agricultura es posible.

“Todo el mundo trata de cultivar sus hortalizas protegiéndolas lo más posible; por el contrario yo las induzco a que se defiendan por sí mismas”, comenta Pascal. “Aquí el terreno es muy rocoso y el clima árido, a punto tal que los robles de 50 años son mas bajos que una persona”, describe el francés. En este ámbito logró cultivar tomates. Usa métodos antiguos que han vuelto este campo “hiperproductivo”, hoy el caso es estudiado por ténicos agrónomos, que no pueden creer cómo este autodidacta, que le ha dado plena libertad a las semillas, puede obtener rindes mayores que un campo standard.

El método de Pascal consiste en no controlar las malezas y dejar que las plantas, en este caso de tomate, se desarrollar en este clima de competencia natural. Así se hizo siempre, y la naturaleza no ha cambiado desde entonces. El hombre es quien, a través del comercio de los agroquímicos ha intentado dominar esas malezas que han coexistido toda la vida alrededor de las plantas. Pascal selecciona las semillas de aquellas plantas que han logrado resistir a estas malezas y la sequía y las cultiva.

“Empecé a plantar tomates en este campo lleno de piedras hace 20 años, en ese momento no había una gota de agua. Todo el mundo piensa que si tenemos que sembrar en estas condiciones las plantas mueren, pero esto no es cierto. De hecho, casi todas las plantas sobreviven”, la naturaleza es quien se expresa en libertad en el campo de este francés que no se dejó influenciar por las corrientes modernas de agricultura. “Conservatorio del Tomate”, se lee en la entrada de su campo. Aquí crecen tomates resistentes que necesitan poco a nula cantidad de agua y por supuesto, al ser naturalmente resistentes, no tienen problemas de crecer rodeados de maleza.

Cada planta da alrededor de 25 kilos de tomate. “Al principio las plantas que sobrevivían a este suelo me daban tomates pequeños, mis vecinos se reían y me creían loco, pero al año siguiente ya comenzaron a dar más y ahora yo tengo más tomates que ellos, que usan mucha agua y pesticidas. Los investigadores vienen a verme” A los 52 años, Pascal vivió toda su vida en esta tierra. “Soy completamente autodidacta“, se define. “La mayoría de las plantas que se llaman ahora malas hierbas eran plantas que se comían en la edad media, como el amaranto (kiwicha) o el Agropyron repens. Siempre me dije que si hoy en día son tan resistentes es precisamente porque nadie se ocupó de ellas por generaciones y generaciones”

No es tan difícil ni complicado: sólo se trata de observar la naturaleza y conectarse con su ritmo. Pascal Poot llegó al conocimiento: no hay mejor manera de producir que acompañando la dinámica natural de las semillas. Los agrotóxicos, al igual que todo el mercado creado alrededor de ellos, son pura mentira. Una mentira que desgraciadamente mata.