“Hace casi 10 años que no están Los Chalcha. Al principio, extrañás el equipo, pero después que actuás solo te vas acostumbradno y te sentís un poco más libre. Cuando estás en un conjunto es todo por cuarto, ahora es por uno solo: canto lo que quiero, como quiero y si quiero. Y si no quiero no canto.”
Con una sonrisa en la compañía de las palabras, Pancho Figueroa define su nueva ruta solista en el canto folklórico, en el cual ha dado un paso más con un nuevo disco, “Un estilo de canto”, que presentará el 10 de septiembre en Capital Federal. 
“He pasado cumpleaños míos arriba de un avión y no he visto el nacimiento de mis hijos por cantar con el grupo. Pero si hubiera decidido, hubiera festejado el cumpleaños en mi casa y hubiera visto el nacimiento de mis hijos. La ventaja es que si uno, como solista, se equivocaba, los otros tres seguían cantando. Si hoy me equivoco, estoy solo, pero el error es parte del folklore. Ahora canto cosas que no podría haber cantado con Los Chalchaleros, como por ejemplo dos boleros en tiempo de zamba, con autoría de Chico Novarro, cantados con él, algo que no podría haber hecho con Los Chalchaleros. Grabé un tango con Raúl Lavié y me ha quedado en el tintero hacer tangos o boleros en tiempo de zamba o de chacarera. Porque he escuchado boleros cantados en tiempos de tangos: Louis Armstrong grabó El Choclo; escuché a Natt King Cole cantar Yo vendo unos ojos negros o a Frank Sinatra Granada en tiempo de jazz. Entonces, me he dado esos gustos que, tal vez, no podría habérmelos dado en el grupo.
-Podemos decir que Pancho Figueroa era el chalchalero más moderno…
-Lo que pasa es que a mí me gusta toda la música. Yo tengo un programa en la FM 90.9 Radio Universidad de Belgrano (los sábados de 12 a 13), donde paso toda clase y tipo de música. Y a la gente le gusta esa mezcla y yo me divierto aunque no soy un tipo de radio.

Qué hay de nuevo, viejo. 

La sirena de una ambulancia rompe la tarde en dos y obliga a Pancho a guardar la idea en la recámara. Cuando el ruido desaparece, se inclina hacia adelante para hacerse escuchar mejor. “El 85 por ciento de las radios pasan ruido. En la música se ha perdido la melodía. Las grandes melodías de aquellas épocas no se escuchan. Hoy no hay melodías, hoy hay medolías.” 
-Venía pensando en preguntarle por la pérdida de la poesía en la canción y usted me dice que se perdió también la música…
-Claro, también. Las letras de amor dicen siempre lo mismo: cómo te quiero, te amo, te extraño, eso que está perimido, gastado. Sin embargo, Chico Novarro, que es tan creativo, escribe canciones de amor, pero no dice las estupideces que dicen ahora. En la radio no se escuchan esas canciones de Chico que tienen éxito y eso quiere decir que las radios tienen la culpa de mal educar a la gente pasando mala música. Ya no tenemos cultura musical: en la escuela me enseñaban ritmos nuestros como el pericón, la zamba, la chacarera. Y no se qué se enseña ahora.
-¿Quién tiene la culpa de eso?
-Las malas políticas de los gobiernos.
-Pero los gobiernos no enseñan a ser música mala. ¿Los músicos jóvenes no deberían asumir esa responsabilidad?
-Precisamente, son esos jóvenes los que están haciendo mala música, salvo algunos que hacen un rock que más o menos suena o algo del pop, pero los otros son de terror.
-No escucha música nueva, entonces.
-No sé a qué llamás música nueva, la música no es nueva ni es vieja, es siempre música.
-Digámosle música recién grabada.
-Hay gente que hace muy buen folklore, chicos que cantan muy bien. Hablando del Chango Farías Gómez, los Huanca Huá en los años 60 fueron la verdadera renovación del folklore, no esta renovación que dicen ahora, poniéndole saxos o baterías, que son instrumentos de jazz. En los años 40 o 50 usaban esos instrumentos José María de Hoyos, Waldo de los Ríos, que formaban grandes orquestas con sonido a metales. Enchufar la guitarra: yo entiendo que muchas veces es mejor para lugares abiertos. Pero Los Chalchaleros no nos enchufábamos y salía medianamente bien. Los gauchos no se enchufan. Pero todo progresa, para mal o para bien. Yo sigo usando mi guitarra acústica, no me gusta el sonido de la guitarra eléctrica. No me imagino a Atahualpa Yupanqui y a Eduardo Falú tocando con guitarra enchufada. 
 
Una vida con la canción.

Pancho empezó tocanto el clarinete, desde siempre escuchó jazz y cuando aún era un niño se animó al piano. Los boleros de mamá y la música clásica de su padre se le metieron en el alma. Un día alguien le regaló un disco de Los Chalchaleros y el hombre se enamoró de ese estilo. En 1966, Hernán Figueroa Reyes le sugirió que siguiera como solista, pero él tomó el camino del grupo que lo disparó a la celebridad. Dice que tras la disolución, en 2002, se pasó seis meses sin tocar la guitarra hasta que un amigo le pidió una zamba en un asado. Y fueron esos amigos quienes lo devolvieron a la senda del canto.
En su Chaco natal formó Los Arrieros, un grupo a la usanza chalchalera. Cuatro años después de que lo vieran cantar con esa formación, en 1966, Los Chalchaleros lo convocan para el conjunto en el que pasará 37 años de su vida, 13 compartidos con Ernesto Cabeza y 24 heredando la primera guitarra, los arreglos y el rol de ser la primera voz. Autodidacta del canto y la guitarra, dice que escuchando a Frank Sinatra aprendió a vocalizar. “Escucho todo. Y hay cosas que me gustan y otra que no. Los que no me gustan son los que dicen que son folklóricos y cantan cumbia. Parece un circo: 30 violines, batería, bombo, sikus, pandorga, globos, trapos en la cabeza, zapatillas, aros. Creo que están en otra búsqueda, pero que no digan que cantan folklore. Por eso digo que se está perdiendo la raíz folklórica en la búsqueda del éxito. Hay gente que canta bien y nunca ha tenido éxito y pasa lo contrario. Hay que saber expresar con el canto y hay cantantes muy buenos que cantan como si estuviesen haciendo la fila para pagar la luz. El que no sabe expresar, no va a tener éxito nunca. Sinatra cantaba en inglés y vos entendías igual, por su forma de expresar. Edmundo Rivero estudiaba cada frase”.
-¿Qué debe tener una canción para que a usted le suene linda?
-Poesía y buena música. La poesía de Jaime Dávalos y del barbudo (Manuel) Castilla, una música de (Gustavo) “Cuchi” Leguizamón, de Ernesto Cabeza. Gente de antes; hoy no escucho, salvo algunas canciones de Raúl Carnota, mucho folklore porque no hay muchas radios que pasen folklore. Tengo tres radios en mi casa: una con música clásica, otra con 90.1 (FM Urquiza, donde escucho Jazz) y la 90.9, que es la radio donde trabajo.
-¿Existe la magia de la canción?  
-Sí, claro ¿Por qué una canción triunfa? No lo puede saber nadie. En los años 70 estábamos con Los Chalchaleros ensayando en el hotel Salta y llega “El Rengo”, Abel Mónico Saravia -que era juez en Salta- para decirnos que tenía una zamba para nosotros que iba a ser un éxito. Nosotros decíamos “éste viene a interrumpirnos el ensayo”. Nos cantó la canción: era La Cerrillana, que Ernesto Cabeza la registró en su grabador. Y nosotros la grabamos en un disco un tiempo después; fue el mayor éxito. Por eso digo que nunca se puede saber por qué tiene éxito una canción. Frank Sinatra tiene 1.500 canciones grabadas y se conocen 10. Los Chalchaleros tienen unas 20 canciones exitosas, pero ¿por qué han tenido éxito tres canciones en Chile, Ecuador y Colombia: Zamba de mi Esperanza, Angélica y Sapo Cancionero? Si no las cantábamos, no podíamos salir del país. Y muchas veces hemos grabado canciones pensando que iban a ser éxito y no pasó nada. Un éxito no se da todos los días, ocurre cada tanto.
-¿Quién lo da eso?
-El público.   
-¿Es la zamba el ritmo que mejor lo resume?
-Sí, porque la zamba es romántica y a mí me gusta la música romántica. Yo hice un disco de boleros, se vendieron 1.000 copias y nunca más lo edité. La gente se pensó que iba a seguir cantando boleros, pero lo mío es el folklore. Me di un gusto. Y ahora estoy grabando un disco con canciones de Frank Sinatra, con su banda original de música.