En “Perón Vuelve” hay muchísima información histórica y también un clima muy logrado de novela política. ¿Cómo se hace literatura sin matar los datos duros?
– Para mí, la clave era usar toda la información que hoy, cuarenta años más tarde, está disponible. Muchos wwwigos entienden que deben contar desde su posición lo que había pasado. Además, hay muchos archivos desclasificados, ojo, no Wikileaks, que me abrieron en España, en Estados Unidos, en Italia. Si tenés buena información y trabajaste mucho el material histórico, podés ser fluido en la descripción, y de esa manera evitás convertir al libro en un manual de historia, porque lo escribe un periodista.
 – ¿Por qué es importante hoy escribir una investigación sobre el regreso de Juan Domingo Perón al país? Sobre todo tomando en cuenta que fue el 17 de noviembre de 1972…
– Porque los historiadores y los colegas que escribieron libros sobre hechos del peronismo, tocaron tangencialmente el regreso de Perón. Escriben que volvió, que Franco no le prestaba atención, que Rucci abrió el paraguas… hechos que son reales, pero sólo contaban lo superficial. No había una explicación profunda sobre el porqué. Por ejemplo, por qué Perón, en lugar de irse desde Madrid a Buenos Aires, primero pasó por Roma.
– ¿Por qué pasó por Roma?
– Porque el general estaba cerrando un acuerdo con capitales italianos y de otros países, como Bélgica, para traer a la Argentina. Y desde el punto de vista de la seguridad coquetea con Estados Unidos, pero no quiere su plata. Por eso va a Roma. ¿Por qué fue un vuelo de Alitalia y no de Iberia? Porque (Francisco) Franco no le quería dar el avión, y en Alitalia, hicieron lobby todos los capitales italianos… Todo tiene una razón. Con el tiempo, vos podés unir las piezas desde la perspectiva de cada uno. Perón va a Centroamérica. ¿Por qué? Porque estaba cómodo con regímenes políticos que eran más de derecha, y Estados Unidos no lo podía hacer echar. Antes fue a Paraguay. Allí se hubiera podido quedar a vivir, pero Stroessner necesitaba el comercio con Argentina, Aramburu lo presionó, y Perón se tuvo que ir. Si leés el libro, ves que hay dos etapas del exilio. Una es la caribeña, en Centroamérica, el color, las chicas… Después, en Europa, empieza a funcionar el poder.
– En Puerta de Hierro.
– En Europa, Perón se da cuenta que puede volver. Primero, apalancado sobre una mirada “de centroizquierda”. Pero el punto de inflexión sobre el regreso de Perón mirado desde la perspectiva del poder mundial de esa época, es que él garantizaba que la Argentina no se iba a vincular a la vía al socialismo a través del sistema democrático, como había ocurrido en Chile con Salvador Allende. Con ese compromiso, Estados Unidos le permite volver. En 1964, fue al revés. La Casa Blanca apostaba a los golpes militares, entonces no importaba si Perón venía a reemplazarlo a (Arturo) Illia. Perón en ese momento no era confiable, porque todo el mundo sabía que recibía plata de la Revolución cubana, y la Casa Blanca apostó por Onganía.
– En el libro se muestra el movimiento pendular de Perón. Parece que usted quisiera transmitir que, en el peronismo, muchas cosas no han cambiado ni un poquito en estos años…
– Está bien como lo planteás.  Perón era pendular en sus actos cotidianos. Pero trazó una línea recta desde Puerta de Hierro a la Casa Rosada, él quería llegar. Su objetivo era “yo regreso y me tienen que agradecer, porque me llamo Perón”. Ahora, si vos hubieras podido preguntar a Perón en 1962, 1964, 1965 para qué volvería a la Argentina, él te hubiese conwwwado, seguramente, “para ser Presidente”. En los 70, cuando los tipos con los que he hablado le preguntaron para qué quería volver, él les decía: “No, yo estoy viejo para el protocolo, los desfiles, firmar la burocracia… Yo, detrás del trono. Yo voy a ser el Poder, no el Gobierno”. Ahí hay una mutación, porque el tipo era tan brillante que entendió que la edad le daba capacidad de análisis por la experiencia pero le restaba tiempo para estar lúcido al momento de tomar las decisiones políticas.
– Ahí entra lo de Antonio Cafiero… ¿De verdad Perón le prometió que él sería presidente?
-¡Exactamente! Lo que pasa es que Cafiero, con su personalidad y su estilo, creía que podía hacer cualquier cosa. Perón le dijo: “Vos vas a ser presidente, pero no hablés con los militares”. Y Cafiero, seducido por un lugar que pensaba que ya tenía, dice: “Yo voy, me encuentro con Lanusse y después lo arreglo con el General, porque el General ya me dijo que soy yo”. Perón entonces se da cuenta de que no podía ser el poder tras el trono con Cafiero, porque si Cafiero no le cumplía las órdenes sin haber llegado, ¡imaginate cuando llegara! Me parece que ésa es una de las claves de la inteligencia de Perón. Lo que pasa es que, con el correr del tiempo, su capacidad y lucidez se reduce en forma directamente proporcional al tiempo de vida que le va pasando. Entonces, en ese contexto, ya no puede manejar ni a Cámpora. Entonces, ahí es un animal político: Sacrifica a Cámpora, hace una transición, y dice: “Y bueno, vuelvo. Voy a volver al puesto”. No le queda otra circunstancia que morir con las botas puestas. Ahora, tiene otro momento de lucidez que yo creo que la mezquindad de los partidos mayoritarios en esa época terminan por hacer explotar…
– El abrazo.
– La decisión de que (Ricardo) Balbín lo suceda. Balbín en la sucesión, con todo el contrapeso que implicaba el radicalismo en el poder, un radicalismo que no estaba diezmado como ahora. Implicaba que la locura de Isabelita (Martínez de Perón) y los negocios más la represión ilegal de (José) López Rega, hubieran sido mínimos. O sea, Balbín hubiese respetado a la viuda de quien lo dejó en el poder, eso hubiera significado una lucha tremenda en la Casa de Gobierno porque se iban a integrar los dos partidos en un gabinete y seguramente López Rega iba a estar en ese gabinete, pero al final, con Balbín en el poder, se podía evitar un golpe de Estado diciéndole a los militares que la guerrilla no iba a estar en la Casa de Gobierno.
– Antes comentó que Perón era el reaseguro contra un socialismo al estilo Allende. No creo que muchos integrantes del actual gobierno coincidan con eso…
– Yo creo que cada uno puede opinar lo que quiere. Ahora, nosotros los periodistas, tenemos que manejarnos con los hechos, no con opiniones. Si yo tengo los cables clasificados del Departamento de Estado donde Perón amenaza por izquierda con las formaciones especiales y después envía a su representante a negociar con el embajador americano acá (John) Lodge, para decir “quédese tranquilo que no habrá locura porque el mandato de Perón es que tan pronto volvamos a la democracia todos guardan los fierros”, no hay otra mirada para mí, que esa. El problema de los representantes de las formaciones especiales o de la guerrilla que aún participan en política en este país, es que tienen un recuerdo, la verdad, nostalgioso y romántico. Lo cierto es que ya va siendo hora de que reconozcan que fueron un instrumento táctico. Por eso se llamaban “Formaciones Especiales”. Para “formación especial”, según leyó Perón de (Carl Von) Klausewitz, es una estructura armada que cumple una misión durante un determinado tiempo, y después se disuelve. Eso es lo que creía Perón. Obviamente, esos dirigentes, que encontraron un espacio y una oportunidad política inéditos para ellos, siendo tan jóvenes y habiendo llegado hacía tan poco a la actividad política, dijeron: “Bueno, ahora nos quedamos con todo”, y eso fue el capítulo siguiente a la caída de Cámpora. La lucha de verdad, entre Perón y las formaciones especiales, es cuando Cámpora no entiende su juego político y Perón con López Rega lo voltean y ponen a Lastiri. Por eso, en ese contexto, vos tenés que poner el asesinato de Rucci, que fue una señal clara a Perón de los guerrilleros diciéndole “ahora te disputamos el poder”, porque Rucci era como un hijo para él. La CGT no tenía nada que ver.
– El libro se llama “Perón Vuelve”. Es el grafitti que la JP escribía en los muros en aquella época… ¿O es también una sugerencia? ¿Le parece que, en términos filosóficos, Perón no está y debería volver?
– Está muy bien la pregunta, pero no. Yo creo que Perón creó un movimiento popular, inédito en la historia de las ideas y la política. Lo sentó sobre unas bases tan sólidas pero a la vez tan flexibles, que hay una continuidad histórica a partir de lo que entienden los dirigentes que les toca pasar, y a cada uno en sus momentos históricos, que es mutable, porque vos tenés a Menem y Kirchner, tenés a Duhalde… Muta, pero la verdad es que Perón, hay uno solo. Nadie puede ni podrá reemplazarlo al General. Imposible.
– ¿Y una instancia superadora de Perón?
– No, no. La verdad, creo que no. Él creó un movimiento, y todos los que estuvieron, están o estarán se apoyarán sobre ese movimiento, pero superarlo es imposible, por su construcción política y por lo que Perón vivió y permaneció en el poder. Al menos, es lo que yo creo.