Los legisladores porteños Pablo Ferreyra y Lorena Pokoik presentaron un proyecto de ley en el cual piden que el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires prohíba jugar al Pokemón Go en sitios de Memoria de Terrorismo de Estado y en la Amia.

El Pokemón Go es una app que se baja en los smartphones que obliga a los jugadores a recorrer las calles de sus ciudades a la caza de pokemones. El juego se encuadra en la modalidad de realidad aumentada y sus jugadores deben cazar estos pokemones hasta completar una colección, también se los puede adiestrar con el fin de ganar batallas frente a otros particpantes del juego. La app usa el GPS del celular y por medio de una vibración y luz avisa cuando se está cerca de un pokemón.

Los mapas de Pokémon GO integran diferentes Pokéstops o Poképaradas que permiten conocer museos, instalaciones artísticas, monumentos y lugares históricos, entre otros. Este juego ha generado una verdadera revolución en todo el mundo, provocando adicción en millones de personas que se pasean por las calles ensimismados viendo sus pantallas de celulares.

En muchas partes del mundo se han registrado pedidos similares a los que solicitaron los legisladores porteños. Por ejemplo en Polonia, se prohibió que los jugadores entren a Auschwitz, un lugar de memoria y reflexión donde murieron millones de judíos en manos del nazismo. En Estados Unidos quedó exento del mapa de esta app el Memorial del Holocausto y el cementerio Militar de Arlington, en Virginia.

La Legisladora Lorena Pokoik, para fundamentar el pedido que se le hace al gobierno porteño establece que  “estamos totalmente de acuerdo con un juego que utiliza los nuevos formatos y las nuevas tecnologías, así como también fomenta lógicas lúdicas colectivas, cooperativas y al aire libre. Sin embargo, nos parece que los Sitios de Memoria de nuestra Ciudad y la AMIA tienen un significado histórico muy importante para nuestros vecinos y no son los lugares más adecuados para un juego de estas características.”

No queremos que se entienda esto como una prohibición o persecución a un juego con miles de adeptos”, reconoció Pablo Ferreyra.