Una imponente formación rocosa de 210 metros de altura se erige solitaria en medio de un amplio cañadón, a orillas del Río Chubut. En la lejanía, cordones rocosos trazan un aro que la enmarca en medio de la árida estepa patagónica.

El “Área Natural Protegida Piedra Parada” está ubicada entre las localidades de Gualjaina y Paso del Sapo. En tiempos de libre circulación, zigzagueantes caminos vecinales permitían recorrerla como enfilando hacia un hormiguero.

Se trata de uno de los tesoros más preciados del país en lo que a contenido histórico, geológico, arqueológico e incluso paleontológico refiere. Piedra Parada es una caldera de 25 kilómetros de diámetro que se desarrolló durante el período Paleógeno hace unos 54 millones de años, merced a un particular proceso de actividad volcánica de intraplaca.

En un trabajo presentado en un simposio sobre “Patrimonio Geológico, Geoparques y Geoturismo”, realizado en San Martín de los Andes en noviembre de 2013, Eugenio Aragón, del Centro de Investigaciones Geológicas de la Universidad de La Plata y María Ubaldón del SEGEMAR, expusieron una estimación de cómo se conformó esta maravilla natural que deslumbra a visitantes y observadores virtuales: una mega erupción que superó los 300 kilómetros cúbicos de magma eyectado en un lapso breve de tiempo, concluyó en que en lugar de generarse una montaña prominente, se produjera una depresión subcircular rodeada de una extensa planicie arrasada.

En la depresión, se forma frecuentemente un lago en el que comienzan a asomar pequeñas islas volcánicas hasta que el suministro de magma se agota, el sistema muere y la erosión desentierra la caldera. En Piedra Parada habría ocurrido esto. En la actualidad, a la vera del Río Chubut, asoma el registro de tan majestuosos eventos volcánicos producidos durante toda la vida de la caldera, hasta su enfriamiento total y final.

La preservación de este lugar es importantísima, ya que en él se halla una inasible variedad de rocas que dan cuenta de los procesos históricos que dieron lugar a la génesis y la evolución de grandes volcanes de la historia. La Piedra Parada es una sobreviviente de múltiples movimientos geológicos y salvaguarda una infinidad de minerales que se abrieron a la vista tras el descongelamiento de los hielos cordilleranos.

Más acá en el tiempo, en las afueras de lo que fue la boca del volcán, conformando una loma negra, vidrio volcánico emergió de las profundidades de la tierra y se solidificó al enfriarse. Este material fue utilizado por los primeros pobladores de la zona para hacerles puntas a sus flechas, también para confeccionar raspadores que permitían limpiar la carne de los cueros de animales.

Pinturas rupestres tehuelches, con registros de flores y punteos que remitían al recorrido de los fallecidos hasta el cielo, complementan esta amalgama histórica que reúne en un mismo sitio a la explosión volcánica de millones de años atrás con los restos fósiles de numerosas especies prehistóricas invertebradas y las primeras presencias humanas de la región, que datan de cinco mil años atrás.

En los ocho kilómetros que tiene de largo el cañadón, hay aleros que son estudiados por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y paredones de piedra que superan los 150 metros de altura. Entre la vegetación petisa del lugar, conviven y anidan en este manantial de historias vivas, especies autóctonas como bandurritas, cortarramas, palomas cordilleranas, viuditas, yales negros, coluditos cola negra, tucúqueres. También aves rapaces como el ñanco, las águilas mora, gavilanes cenicientos. Halcones colorados y a menudo incluso el peregrino, completan un majestuoso escenario para la observación y la preservación natural. También son parte infaltable del entorno las chinchillones, mamíferos muy simpáticos con un cierto parecido a la chinchilla, que están perfectamente adaptados al ambiente rocoso.