Por Leandro Vesco

Quedan pocos lugares con poca intervención del hombre, la Playa Piedras Coloradas es uno de ellos. A sólo cinco kilómetros de Las Grutas es un lugar ideal para el relax y disfrutar de la tranquilidad de una playa de arenas finas, aguas cristalinas y en suave desnivel.

Para llegar a este paraíso marítimo, hay que seguir el camino de los pulperos. Desde Las Grutas hay que emprender la marcha por la Avenida San Antonio que cruza el barrio de los pescadores de pulpos, sus casas son lo último que se ve hasta llegar a Piedras Coloradas. El viaje también es una excusa para conseguir pulpos frescos. Han sido ellos quienes se han animado a la soledad y algunos se han instalado en este paraje donde es posible sentir el latir mismo del mar, y vibrar con la brisa patagónica.

Piedras Coloradas es un lugar agreste donde la naturaleza y sus tiempos son los que mandan. Sólo es posible llegar a pie, a caballo o con algún vehículo que pueda dominar la huella. De a poco, y hasta llegar a la playa, el viento y su murmullo salino enfrentan el solariego paisaje.

Hasta hace poco no llegaba la luz, pero hoy ya cuenta con ese servicio, no así de agua potable. Por lo que se recomienda llevar provisión de este recurso. La propuesta, una vez en el paraje, es disfrutar del mar y del paisaje. A pocos kilómetros quedó el bullicio de Las Grutas, el gentío y las luces. En Piedras Coloradas, la realidad se vive a puro silencio. Los pocos veraneantes que descubren en lugar recorren la playa ensimismados por el espectáculo natural.

Sorprende una construcción que agrega magnetismo. Una pequeña casa de adobe custodia libros, podrá carecer de muchas cosas, pero Piedras Coloradas tiene biblioteca. Los pulperos y pescadores artesanales se acercan al lugar y ofrecen productos del mar recién pescados. Hay dos paradores que tienen los elementos básicos para poder cumplir con el sueño de permanecer una noche durmiendo al costado del mar.

Cuesta escaparse al hechizo del color turquesa del mar, el nombre del lugar se debe a las restingas coloradas que emergen y que sirven de descanso para disfrutar del oleaje, que tiene una temperatura cálida. Uno podría pensar que se trata de una playa del trópico, pero la infinita y mágica Patagonia gobierna el mapa y los sentidos.