Hace unos años confeccionaron en Rosario la bandera más grande del mundo. En el Guinnes de los Records figura el asado más largo del mundo, hecho también en nuestras tierras. El hecho que acaba de consumarse a horas de la finalización de este 2014 es también cultural: en el barrio porteño de Barracas un señor de bigotes anchos acaba de pintar el mural más grande del mundo.
 
Se trata de la obra “El Regreso de Quinquela”, realizada por el artista y muralista urbano Alfredo Segatori y está ubicada en las calles Pedro de Mendoza y San Antonio, del barrio porteño de Barracas y se lo puede ver, al borde del Riachuelo, desde el Roca, el tren que viene del sur del conurbano bonaerense.

“La idea es hacer un retrato masivo de los vecinos del barrio, como hacía Quinquela Martín en La Boca, salvando las diferencias, claro” explica el artista. El mural ya es un centro de reunión barrial y Segatori estima que a partir de los pedidos de diferentes vecinos podría extenderse otros mil metros cuadrados más.

Barracas es un barrio que ya cuenta con una intervención urbana, la primera que se hizo en la ciudad y que recorrió el mundo por el método que se usó mezclando pintura con venecillas, la consagrada calle Lanin, obra del artista plástico Marino Santa Maria, pasaje que es visitado por cientos de turistas y que le da a ese rincón del barrio un aspecto especial y de gran valor creativo.

La obra de Segatori, quien sólo pinta con aerosoles, es imponente y en crecimiento, está en permanente desarrollo. El objetivo es cubrir con sus dibujos 3.000 metros cuadrados y así poder inscribir su trabajo en el Libro Guinness de los récords como el mural más grande del mundo en la categoría “Hecho por un solo pintor”. El actual récord quinness lo tiene un artista mexicano, con un mural de 1.650 metros cuadrados, ubicado en el Centro Internacional de Convenciones en Mazatlán.

La obra de Segatori forma parte de las tareas de recuperación de la cuenca Matanza-Riachuelo y avanza con la colaboración de vecinos y empresas que ceden sus fachadas para la intervención artística. El mural ya alcanzó los dos mil metros cuadrados y el artista estima que a partir de los pedidos de diferentes vecinos podría extenderse otros mil metros cuadrados más. 

Lo llamativo y acaso un rasgo característico del barrio, es que fueron los propios vecinos quienes le propusieron al artista seguir trabajando en el mural, cediendo los frentes de sus casas. Diferentes empresas de la zona le brindaron los materiales que le permiten seguir proyectando esta idea que pasó a ser una causa barrial, un sueño comunitario que crece como un ser vivo que se alimenta todos los días con cada metro cuadrado nuevo que se cubre de pintura.