Por Leandro Vesco / Fotos: Soledad Bastida

El atardecer es un territorio del día en el cual las aves parecen tener más vuelo, uno más fino y también más íntimo. Eentre ellas se puede percibir una conversación animada. La brisa pampeana mece las hojas de los pastizales y los árboles con una delicada caricia. El polvo de las calles se aquieta. El último tren carguero pasa y en su andar se despide un día que está por caer en el silencio de la noche argentina. La puerta de la pulpería se abre y de a poco se arriman los que saben que sólo hay una oportunidad para tomar un aperitivo sintiendo la tibieza del último rayo crepuscular.

El sol, prudente, como una moneda dorada, baja por el horizonte abierto del sudoeste bonaerense. Estamos en Gascón, partido de Adolfo Alsina, el pueblo de 105 habitantes en donde además se está gestando la idea de la refundación, apoyada por el Municipio y la ONG Proyecto Pulpería. Esta no será una noche más. Promovido por Turismo de la Provincia de Buenos Aires y producido por la Secretaría de Turismo municipal, el ciclo “La Ruta del Cine” llegó a esta pequeña localidad tranquila y recientemente acostumbrada a recibir visitas.

“Cuando me dijeron que venían, no lo dudé ni un segundo, enseguida me puse a organizar todo”, cuenta Néstor Martín, el Delegado Municipal que se lleva al hombro todo el pueblo, quien en pocos minutos organiza las sillas frente a la pantalla, hace el fuego y coordina incluso con las estrellas para que en pocos minutos aparezcan en el cielo más diáfano y todos pensemos que en Gascón se puede soñar.

Como en una procesión, los habitantes de Gascón se acercan despacio para ver de qué se trata esto del cine en el pueblo. “Llevamos el cine donde nunca antes hubo o se fue”, comenta Julio, el responsable del cinemovil Tita Merello. La calle principal del pueblo está concurrida, un viento frío se hace presente en la noche en donde el verano le dejó paso a un otoño prematuro e ideal para sentarse y disfrutar cerca del fuego de la magia del cine, si alguien hubiera imaginado una noche perfecta, acá en Gascón se hizo presente.

Niños felices ven sorprendidos ese televisor gigante, sus padres y algunos abuelos se sientan primero. La pantalla ilumina la solitaria silueta de este pueblo que se abraza con nuestra pampa indomable. Hoy la soledad no puede entrar a Gascón. Las luces de sus casas, el alumbrado público que ilumina la comunidad, las voces en el almacén y las risas en la pulpería se mezclan con el olor a carne asándose y el murmullo de aquellos que disfrutan de la primera película que está dedicada al público infantil.

“Queremos que los pueblos del Partido puedan disfrutar del cine, como lo hacen los habitantes de la ciudad cabecera”, nos había dicho Javier Andrés, responsable de Turismo quien junto a Nicolás López, coordinan estas ideas que originan vida a las pequeñas comunidades del distrito. De esta forma un pueblo comienza a recuperarse y a sentirse integrado.

Entre escena y escena, los perros saben que algo les tocará y también se acercan al cinemovil. Algunas lechuzas pasan detrás de la pantalla, los grillos presentan la segunda película, para adultos, una comedia nacional; las estrellas bajan aún más para ver de cerca, y el frío tiende una trampa: en el pueblo el lugar más cálido es la calle en donde se está dando la película porque detrás arde un fuego fundacional. Gascón es una comunidad activa en la que hay algo bueno que está a punto de nacer, lo saben sus habitantes y se puede sentir en el aire, y el municipio lo intuye y apoya cada iniciativa que lo haga crecer, pronto se abrirá un hospedaje y las primeras familias que han decidido cambiar de vida, comenzaran a llegar dentro de algunas semanas para refundar al pueblo.

Una madre manda a su hija a traer una manta y pronto esta acción es imitada, los hombres hacen una guardia criolla inamovible detrás del fuego, sirviendo la carne y aprovechando para tomar alguna copa de vino para animar una noche encantada. La película se termina y las llamas señalan un mandato, para los niños es tarde pero el hechizo que desprendió la pantalla los deja saltando y jugando, sus padres se refugian en ese fuego que fecunda las más finas emociones de hermandad. La comedia deja paso al buen humor. “Pensé que no me iba a enganchar, pero estuvo linda la película”, comenta Javier mientras le da un vaso de gaseosa a una niña que tiene los ojos grandes y brillantes. El cine le ha despertado una curiosidad que no creía tener. Allá lejos la pampa huele a misterio, acá, el mejor cuadro que un pintor pudo crear tiene ya la última pincelada. Con tan poco un pueblo puede tener tanto.