Por Leandro Vesco

De todos, no hay mayor encanto que dormir en una posada de una pequeña localidad, mucho mejor si es atendida por sus dueños. Aquí el trato es ameno, la cordialidad es la norma y la libertad de poder vivir al ritmo de una comunidad donde la gastronomía y el entorno natural invitan a vivir días inolvidables. Todo esto se puede conseguir en Pigüé, y particularmente, hospedándose en la “Posada La Querencia”, donde el encanto de las sierras se puede vivir en el amplio jardín de este territorio del descanso y el desacelere.

Ana Fernandez Cháves y Jorge Couderc han estado juntos toda la vida, él es ingeniero agrónomo, y ella es una de las creadoras de Maipu Mapu, quienes rescatan las técnicas ancestrales mapuches de trabajo en cerámica. Aquí han formado su familia y desarrollado sus oficios y profesiones. Hace diez años atrás decidieron darle un nuevo impulso a sus vidas, cuando pocos hablaban del turismo rural, el matrimonio puso ahí sus fichas. Compraron una casa al lado de la suya, y construyeron una posada que tiene un concepto simple: por el tiempo en el que te hospedes, esta será tu casa. La clave para que esto se produzca es la presencia de Ana y Jorge, que sin tener necesidad de hacerlo, crearon este espacio porque entendieron que algo del encanto y la magia del campo y de las sierras tenían que poder hallarse a pocos metros de la plaza del Pigüé.

“Estuvimos dándole vueltas a la idea por dos años”, afirma Jorge, pausado. En su mirada se ve el horizonte pampeano y la delicadeza de las formas serranas. Sus ojos exploran el recuerdo del nacimiento de esta Posada. “Queríamos hacer cuatro casas con todas las comodidades, para que sea un lugar en el que puedas sentirte cómodo, y también trabajar mucho el jardín para que pudieran venir aves” El jardín es un como un vivero donde conviven diferentes especies, están todos los tonos de verdes y las flores más coloridas. “Los colibrí suelen venir por la mañana”, agrega Ana. Ellos han sido los pioneros de esta clase de turismo que se nutre del visitante que quiere explorar los diferentes recorridos que ofrece un destino como Pigüé, para estar en contacto directo con la tierra, con los caminos rurales, las sierras, las lagunas, reconocer las estrellas, sentarse en una plaza y ver pasar la tarde, contando las palomas que bajan a mordisquear las migas de las galletitas de los niños.

La Posada está a pocas cuadras del centro de Pigüé, pero parece estar en el medio de las sierras. Las plantas, las aves, la vieja casona colonial que fue reciclada, el sonido de nuestras pisadas en el pasto y la puesta en general de un lugar pensado para hacer sentir al visitante como si estuviera como en su casa. Cuando un hospedaje logra esto, hay pocas cosas que pueden salir mal en una estadía. Hay cuatro casas dispuestas alrededor del jardín, sentarse hacia el atardecer oyendo las aves es una elección agradable. “Les proponemos que tengan libertad. Les mostramos todo lo que hay para hacer, y cada cual elige”, afirma Jorge. Afortunadamente hay mucho para hacer, pero a un ritmo lento.

El grupo de Turismo Rural “Sierras y Pampa” (dentro de la órbita de Cambio Rural de INTA) que coordina aquí Marina Monje ha logrado reunir y crear una red de emprendedores que proponen una agenda completa y variada. Es ejemplar el modo en el que ha crecido el turismo rural Pigüé. Visitas al tambo didáctico El Balcón del Arroyo donde se puede beber leche recién ordeñada y ver cómo se hace el queso, el Criadero el 17 propone un almuerzo con productos del territorio, las Lagunas Encadenadas, conocer pueblos como Dufaur, Arroyo Corto, ir a un campo trufero en Espartillar haciendo noche en el hotel rutero “Peumayen”, acercarse a la Huerta Primitivos y probar hortalizas orgánicas, hacer una escapada a Saavedra y visitar la Pulpería el 60, pasar la noche en la casa de campo “Don Emilio”, caminado bajo la luz de la luna. Las sierras son una atracción natural con muy poca intervención del hombre, hay varios puntos para visitar: Las Grutas, el Camping Cerro Áspero (está el refugio de montaña más alto de la provincia) y la Estancia La Montaña, donde una pulpería y un museo invitan a sentarse a los pies de los cerros. De regreso a Pigüé, la oferta gastronómica ofrece productos nobles como la trufa y el aligot, especie de puré con queso Tome.

El fin de todos estos recorridos es regresar al que ya podemos considerar nuestro segundo hogar, la Posada, que nos aquerencia, nos abraza con ese aroma familiar. Discretos, pero siempre dispuestos, iniciar una charla con Ana o Jorge es  una buena idea. El turismo rural se basa en el trato directo, en el apretón de manos. En la “Querencia” el cuerpo y la mente, descansan; el corazón, agradece. La despedida abraza el deseo de un pronto regreso.

Más información: Grupo de Turismo Rural “Sierras y Pampa”