Se quitó los anteojos Doña Potola, dobló el diario ante la entrada intempestiva de Prosperina que  hundía sus manos en el bolsillo amplio del delantal, donde amasaba su nerviosismo.
– ¿Qué le pasa m´hija?
– Don Gregorio quiere que prenda el horno. Dice que quiere cocinar un chivo.
– No le haga caso m´hija, debe ser alguna broma relacionada con la política.
– No señora, es en serio. Dice que espera visita y que la espere en el quincho, pues vienen el “Pichi”, el “Quico” y todos los amigos de la Esquina de Croto que le van a regalar una cucarda, pues Doña Potola ganó el premio a la vaca con cría.
– Con que en eso andaba tramando a mis espaldas. Ya me sospeché ayer, pues cambiaron de tema cuando entré al galpón.
– No se enoje mi amiga -intervino la Sra. República-, no deja de ser un reconocimiento que la inscribieran con su nombre y que la eligiera nada más y nada menos que un jurado inglés.
– No me enojo señora, pero quién aguanta a mis nietos… Luego van a querer ponerme la cucarda.
– Será un recuerdo muy lindo para ellos si la ven reírse como ahora.
– Disponga Prosperina y prepare el quincho. Hay que atender a las visitas.
– Así me gusta mi amiga. Disfrutemos el día. Hay tanta gente con cara larga que nos debemos sentir privilegiados disfrutando entre amigos. Sin ir más lejos, luego de los resultados de las elecciones, qué no daría la Sra. Presidenta por recibir buenas noticias.
– Señora, no creo que se ponga contenta si una vaca con su nombre desfila en La Rural.
– Es un detalle Doña Potola; a lo mejor le servía para promocionar la “carne para todos”.
– Ella está más cerca de la tecnología, señora, que de la genética de las razas.
– No crea… Ahora quiere incentivar la producción de carne de cerdo para que se recomponga el rodeo bovino.
– Mi amiga, se acordaron un poco tarde. El daño está hecho y vamos a precisar unos cuantos años para recuperarlo. Se han fundido productores que con su rodeo pequeño sustentaban una familia. Si el resultado de las elecciones los enfrenta a la realidad, es hora de reconocer que algunas políticas no han sido acertadas, por decirlo de una manera suave. Pero usted sabe que su amiga no es de las que reconocen un error y mucho menos si el problema lo tiene la gente del campo. Ella sigue pensando que nadamos en la famosa “renta extraordinaria”, y me gustaría decirle una vez más que el porcentaje de las retenciones que distribuye generosamente es ni más ni menos que los nutrientes que no reponemos en cada campaña. Se sembró menos trigo, pues no se puede vender. Veremos qué ocurre con el maíz… Y sin rotaciones señora, y sin reponer nutrientes, nos estamos gastando el suelo que nos prestaron nuestros hijos y se lo debemos devolver a nuestros nietos. Yo, por ahora, me pongo la cucarda y vamos a festejar con los amigos mientras dure la fiesta.