En la provincia de Santa Fe, la producción de zanahorias es uno de los cultivos tradicionales del corredor costero que se extiende desde la Capital hasta Reconquista. La cosecha se destina principalmente al consumo fresco, pero las exigencias de venta en cuanto al tamaño y a la forma generan un descarte de entre el 30 al 40% del total. Además, las zanahorias no procesadas se destinan -en parte- al consumo animal, y el resto se pudre generando malos olores, proliferación de roedores y productos de descomposición que terminan degradando el suelo.

Un grupo de investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y la Universidad Nacional del Litoral (UNL), junto a una empresa empacadora de zanahorias de la zona costera de Santa Fe, trabajan desde 2013 en el aprovechamiento de los desechos de este producto.

En el año 2013, Val Mar, una empresa dedicada al lavado y empaque de zanahorias en la localidad de Santa Rosa de Calchines, se contactó con investigadores del CONICET y la UNL con el objeto de buscar una solución para el importante volumen de desechos que generaban. Desde entonces, la empresa trabaja con el Grupo de Valorización de Descartes Agroindustriales (GVDA), formado por investigadores del INCAPE e INTEC y de la Facultad de Ingeniería Química (UNL). Este equipo de investigación propuso, en 2014, el desarrollo -a escala de laboratorio- de un proceso para la valorización del descarte.

El Dr. Juan Carlos Yori, investigador en el INCAPE (CONICET -UNL) y referente del grupo, nos cuenta: “La zanahoria tiene distintos compuestos que se pueden valorizar. El 80% es agua, pero si seguimos en orden decreciente aparecen los azúcares -en casi su totalidad fermentables y pasibles de transformar en alcohol-, luego las fibras y los carotenos, estos últimos, insumos que no se producen en el país”.

El 19 de septiembre de este año, en terrenos de la empresa Val-Mar, se inauguró la Planta Piloto de aprovechamiento de los desechos de zanahorias para la generación de productos de valor agregado. Para concretar el desarrollo, y acceder a los subsidios públicos, se conformó un consorcio público privado entre la UNL, la empresa Val-Mar y la Asociación para el Desarrollo del Departamento Garay. La planta cuenta con capacidad para procesar 100 tn/día de descarte provenientes de la zona de la costa santafesina.

Los azúcares presentes en la zanahoria tienen la característica de ser en su totalidad fermentables, por lo que pueden transformarse en bioetanol de segunda generación, útil para la industria de los combustible, bebidas, farmacopea, perfumería, entre otras. El biocombustible producido en la Planta Piloto se utiliza como solvente de extracción para obtener otros bioproductos: fibras dietarias y carotenos. Las fibras dietarias y los carotenos obtenidos demandan una etapa de refinamiento y adecuación de sus propiedades para poder utilizarlos como aditivos para la preparación de alimentos funcionales o suplementos dietarios. Estos productos, actualmente, se importan en su totalidad.

Hoy, la Planta Piloto genera colorante natural, capsulas y comprimidos de fibra dietaria para consumo personal y fibra empaquetada para incorporar en la producción de alimentos. Los productos se encuentran en proceso de habilitación por parte de los correspondientes organismos provinciales de control.

Fuente: CONICET