Con el apoyo del programa Cambio Rural II del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), un grupo de 22 productores de Maimará, provincia de Jujuy, se unieron y conformaron la cooperativa Flor de la Quebrada, un espacio dedicado a la producción de flores de corte y plantas ornamentales.

Cultivan claveles, margaritas, gladiolos y crisantemos en invernaderos propios. La floricultura aparece como una alternativa económica y rentable que permite diversificar y complementar a la horticultura. 

Emplazada a 2.334 metros sobre el nivel del mar, Maimará es el corazón productivo de la región. La topografía y la altitud definen los elementos de un clima caracterizado por una intensa radiación solar, precipitaciones mínimas, invierno seco y acotado período libre de heladas.

“Acompañamos a los floricultores y los apoyamos con información tecnológica que les permita producir, en función a la demanda de flores que hay actualmente en la Argentina”, señaló José Agüero, técnico del INTA Hornillos y explicó: “Las especies que se comercializan para arreglos requieren cuidados especiales, sobre todo cuando se pasa de trabajar del campo al invernadero”.

Patricia Cruz, una de las integrantes de la cooperativa, destacó la iniciativa de los productores de querer producir en el invierno: “Nosotros, acá en la quebrada, tenemos una variación muy amplia de temperaturas entre el invierno y el verano”.

El proyecto Energías Renovables para nuestras flores maimareñas, impulsado por el programa Cambio Rural II, incluyó la construcción de un invernáculo para producir plantines florícolas propios y de calidad.

“Los productores comenzaron comprando los plantines a Buenos Aires”, expresó Gabriela Gómez, promotora de Cambio Rural, y agregó: “Nuestra idea es aprovechar las condiciones agroecológicas de la región y acompañarlos para que puedan producirlos ellos mismos”.

Así, además de generar fuentes de trabajo genuinas “van a contar con plantines de mejor calidad, para iniciar a un ciclo de producción mucho más exitoso”, aseguró Gómez.

En 2015, tras analizar las posibilidades que ofrecía la floricultura para la zona, se formaron dos grupos Cambio Rural II: uno de floricultores denominado “Flores Maimareñas” y otro de emprendedores “Flores Industria Maimareña”.

“El primero, se enfocó en la producción y la obtención de un producto de calidad; mientras que el segundo, se dedicó al agregado de valor, la comercialización y el posicionamiento de las flores del primer grupo”, explicó Gómez y puntualizó: “Ambos y de manera articulada, buscan el fortalecimiento de la cadena de la flor de corte, para mejorar su rentabilidad”.

Mediante el trabajo colectivo y articulado, accedieron al financiamiento del Programa Consejo de la Demanda de Actores Sociales (Prcodas), que promueve la ejecución de Proyectos de Tecnologías para la Inclusión Social (PTIS), desde el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.