El programa ProHuerta, que depende del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y el INTA, en Puerto Madryn se unió a la Biblioteca Popular “Alfredo Palacios” para editar un Manual de Huerta Agroecológica en el sistema Braille, para que personas con discapacidad visual puedan armar huertas, aprender técnicas para cuidar el suelo y hacer una espacio sustentable.

“Nos propusimos un proyecto conjunto para enseñarle a un grupo de jóvenes el sistema de lectoescritura Braille. En la biblioteca comenzamos a recibir gente que quedaba ciega de grande y nunca había tenido la oportunidad de aprender a leer Braille, entones pensamos y elaboramos un audiolibro con el Manual para poder llenar ese espacio de gente que de repente se quedó ciega y no sabía a qué podía acceder”, comentaron al diario La Jornada María Teresa Ríos Blanco, técnica referente del ProHuerta en Madryn, y Ana Bosco, responsable de la Biblioteca.

“Queríamos instalar una imprenta Braille para producir material que normalmente no existe: las publicaciones en Braille son muy puntuales y por lo general, no abordan contenidos como el armado de huertas, o alternativas para que las personas con esta discapacidad puedan superarse”, agregó Bosco, en tanto Ríos Blanco aclaró que el Programa ProHuerta en Puerto Madryn “siempre trabajó con discapacidad, con organizaciones vinculadas al trabajo con chicos con capacidades diferentes. Nos tocó trabajar con la Escuela para Ciegos y Disminuidos Visuales. No teníamos material de lectura para ellos. Con Ana surgió la posibilidad de formar gente que pudiera transcribir al Braille los libros que necesitaban”.

Así fue que el proyecto del Manual de Huerta Agroecológica el Braille surgió. “No teníamos impresora pero queríamos hacerlo. Los primeros manuales los hicimos con máquina de escribir de Braille”, comentó Bosco. En un principio se hicieron 25 copias del Manual. Pero comenzamos a recibir demandas de instituciones de todo el país diciéndonos que necesitaban material para trabajar. Se hicieron algunas copias aisladas, hasta que se decidió hacer 50 copias para repartir en todo el país”, aclaró Ríos Blanco.

En la provincia de Chubut, el Manual tuvo mucha repercusión en el interior, donde hay mayor porcentaje de ciegos. “Especialmente adultos que viven en campos y el viento y los sedimentos lesionan sus ojos. Para esas comunidades genera trabajo, porque permite que quien pierde la vista encuentre nuevas maneras de seguir adelante, produciendo alimentos con huertas”, explicó Bosco, quien concluyó que “las personas que quedan ciegas de grandes y no accedieron a nuevas aplicaciones o formatos informatizados, necesitan estos materiales para encontrarse con oficios y posibilidades de hacer algo que los desafíe todos los días, los motive y acompañe en algo tan individual, solitario y profundo como la vida sin visión”.