Técnicos del INTA Avellaneda junto con la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) y la Municipalidad de Almirante Brown impulsan la adopción de la hidroponía en huertas familiares. Conocida como la técnica que permite el cultivo de hortalizas, flores sin suelo, la hidroponía es una alternativa sustentable que puede adaptarse a la producción periurbana. 

René Castro, técnico de la Agencia de Extensión Rural del INTA en Avellaneda, explicó que “como se trata de una técnica de cosecha bajo agua, que surgió como una alternativa a la poca disponibilidad de tierras en las áreas hortícolas de las ciudades, creemos que en el Área Metropolitana puede ser una muy buena opción”.

Estamos convencidos que la hidroponía puede adecuarse a la agricultura periurbana y generar una mejor calidad en la tarea diaria del agricultor”, señaló Castro y agregó: “Por, sobre todo, le va a permitir tener una muy alta eficiencia en el uso del agua y los nutrientes”.

En este sentido, Walter Ramírez, técnico de la Granja Educativa Municipal de Almirante Brown, expresó que “es una práctica que se puede aplicar en todos los sectores, ya que es simple de implementar” y agregó: “Por eso, junto con el INTA y la carrera de Nutrición de la UNLa, vamos a desarrollar los conocimientos básicos para que se pueda implementar en la huerta familiar periurbana”.

Para una buena producción es clave estar cerca de una fuente de agua potable, las plantas deben recibir un mínimo de seis horas de luz solar, deben estar protegidas de los animales domésticos y se deben resguardar a los cultivos de la lluvia y las heladas.

Ramírez aseguró que en un sistema hidropónico pueden cultivarse desde hortalizas y flores, hasta aromáticas. Sólo por citar algunas, la lista incluye: albahaca, rabanitos, zapallitos, berenjenas, papas, tomates, lechuga, florales, melones, sandías que pueden obtenerse utilizando como soporte un pequeño cajón de esos que contienen pollo o pescado.

Castro recomienda colectar agua de lluvia a partir de los techos de los invernaderos, evitando la extracción subterránea y asegurando la calidad de lo que luego repercutirá en los alimentos.

Esta producción bajo agua forma cultivos vigorosos con menos enfermedades: “Esto es clave debido a que se disminuye la aplicación de herbicidas y permite lograr una cosecha orgánica”, destacó Ramírez.

Asimismo, esta práctica no genera vertidos de efluentes que contaminen el ambiente porque se reutiliza la solución nutritiva de los drenajes y se consume en el ciclo de producción. “Para el desarrollo de las distintas especies cultivadas, se trabaja con sustratos de base orgánica como compost y turbas, de esta manera, tenemos un medio de soporte puede ser reutilizado durante varios años”, manifestó el técnico del INTA.