800 pequeños productores y agricultores familiares reciben apoyo económico y capacitación para continuar con sus producciones sustentables que protegen el bosque nativo. Se trata de productores de harina de algarroba en el Chaco salteño, de vinagre de frutas nativas de la selva misionera y de chilto o tomate de árbol de Jujuy, quienes forman parte de un Programa financiado por las Naciones Unidas para promover la producción sustentable y cuidado de la biodiversidad.

El Programa beneficia a pequeños productores y miembros de comunidades originarias que además de la parte económica, cuentan con el acompañamiento de investigadores y técnicos en el uso responsable de la tierra. Diego Moreno, secretario de Política Ambiental, Cambio Climático y Desarrollo Sustentable de la Nación comentó a la prensa que el Fondo para el Medio Ambiente Mundial destina “siete millones de dólares para cinco años de proyecto, y ya van dos, que fueron dedicados a mejorar la calidad de los productos y explorar mercados” El programa trabaja en Salta, Misiones y Jujuy.

Por medio de este proyecto se busca “desarrollar cadenas de valor de algunos productos no convencionales en el mercado y de valor nutricional, trabajando con productores locales de Yungas, Chaco y Misiones en las técnicas de cosecha, elaboración y comercialización. Algunos de los productos que se promueven son la harina de algarroba, la miel de abejas reconocidas en el código alimentario; la siembra y extracción de chilto -tomate de árbol- en la localidad jujeña de San Pedro, goma brea, licores, mermeladas y vinagres de frutas nativas de la selva paranaense

La idea es rescatar y revalorizar los cultivos y saberes ancestrales, y que estos puedan “transformarse en un negocio” para estas familias que trabajan de esto desde hace cientos de años. El concepto que se persigue es que estos productos sean usados en gastronomía, y se comercialicen fuera de estas provincias. “Queremos trabajar en el aspecto económico de la sustentabilidad. El plan es integral, no sólo ambiental conservacionista, sino desde la lógica de proyecto, con el hombre adentro y el aspecto productivo cultural”, detalló Nahuel Schenone, coordinador general del proyecto.

Uno de los productos elegidos es la algarroba, cultivada por los pueblos originarios. “Tiene un tiempo de vida útil, así que se dispuso un sistema de recolección limpio y de almacenamiento hasta la llegada a la molienda. Ahora se necesita un mínima infraestructura y energía eléctrica, con parámetros de bromatología, y que siga siendo un alimento para la familia además de generar un excedente con un ingreso más significativo“, explicó Marcelo Pérez, coordinador del Proyecto en la eco región Chaco Seco. La algarroba es una harina apta para celíacos, tiene azúcar natural, además de proteínas, calcio, hierro y fósforo.