Las pilas y baterías de uso domiciliario que ingresan al país superan las 45.000 toneladas anuales y se estima que el consumo de pilas en la Ciudad de Buenos Aires sería de unos 40 millones de unidades al año, según datos del Observatorio Ambiental porteño.

El gobierno de la ciudad busca ahora que los productores de pilas se hagan cargo de la disposición final y que los locales comerciales que las venden se conviertan en puntos de recepción de las baterías en desuso, con el fin de que estos residuos no vayan a un relleno sanitario.

El proyecto que elabora el Ejecutivo busca encuadrar a las pilas como residuo urbano peligroso y que se ordene un circuito para responsabilizar a las empresas de la disposición final del producto.

La medida comprende a todas las pilas de uso común, entre ellas las cilíndricas doble, triple y cuádruple A, prismáticas 9V y pilas botón, tanto primarias -no recargables- como aquellas secundarias -recargables.

Estos residuos constituyen una proporción pequeña del total del volumen de basura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Según expertos en materia ambiental, se calcula que cada habitante utiliza unas 12 pilas por año.

Para evitar que las pilas y baterías en desuso vayan a los rellenos sanitarios conjuntamente con otros residuos, la ley busca que la disposición final de las pilas esté a cargo de los productores o distribuidores de este tipo de materiales, que en la Argentina no se fabrican sino que son importados en su totalidad.

La propuesta contempla que se aplicarán las penas previstas dentro del Régimen de Faltas de la Ciudad cuando se detecten incumplimientos.

Esta iniciativa ya fue presentada por los vecinos de la Ciudad en el marco de la plataforma virtual “BA Elige”, la cual recibe ideas de la ciudadanía en torno a cuestiones barriales.