Esta semana en Ramallo los vecinos, organizaciones sociales y ambientalistas junto con el grupo inversor que pretende llevar adelante el proyecto se juntaran para debatir la idea de un desarrollo inmobiliario que busca hacer una torre de 40 pisos en la costa del Paraná, lo insólito es que los desarrolladores –para conformar a los vecinos- plantean vidriar toda la planta baja para que puede verse el río.

La idea es considerada ridícula para los ambientalistas y vecinos. Lo que nadie quiere es que la costa está contaminada visualmente con una mole de 40 pisos. La empresa “Obras Ramallo”, cuyo titular Gabriel Giordano, aclaró que el proyecto no tapará la visión del río porque “atendiendo al pedido de los vecinos, harán un gran ventanal que ocupará toda la planta baja para que le río pueda verse. Lo que Giordano no explica es qué hará con los cuarenta pisos restantes.

El edificio modificará el medio ambiente y cambiará el perfil de la costanera en Ramallo. Para las distintas organizaciones que se oponen a la construcción de este edificio, entienden que la contaminación visual que generará será muy fuerte, pero entienden que lo peor acaso no sea esta torre, sino lo que significa para los desarrolladores inmobiliarios el saber que allí se puede construir, entienden que próximos proyectos inmobiliarios se establecerán luego.

En la Audiencia Pública que se llevará a cabo esta semana, según expresa el medio local Ramallo Informa, estarán los empresarios del grupo inversor más el arquitecto del controvertido proyecto, Pablo Ribé: “Vamos a estar presentes y vamos a mantener nuestra postura que es la que estamos manifestando de esta mejora a la visual. Nosotros estaríamos dispuestos a dejar de hacer los locales al frente para darle toda una apertura y una vista al lugar que hoy no tiene y que no tuvo nunca”, aseguró el profesional ensoberbecido por su genial obra.

El gobierno local se lava las manos. René Chavez, miembro del gabinete municipal, expresó desde su cuenta en Facebook: “El Gobierno de Poletti –el intendente-, no avanzó contra los vecinos en ningún proyecto, sino que cumplió su deber de atender a los empresarios, también impulsó la participación ciudadana, convocando, con más de un mes de anticipación, a audiencias de debates públicos”.

Los mega desarrollos inmobiliarios, como es el caso de este edificio,  son unas de las causas de los grandes desequilibrios ambientales. Para los ramallenses de un lado está su costanera, su río, el paseo y el esparcimiento, lo idílico de una visión que los ha acompañado desde siempre y que forma la identidad de la ciudad, y por el otro: un grupo de inversionistas que lo único que tienen entre ceja y ceja, es hacer dinero.