En los confines de nuestro mapa y al sur del mundo, allí donde el mar golpea con furia hay un puerto que dio cobijo a los primeros navegantes que se animaron a transitar por estas aguas heladas: Puerto Deseado recibió al primer hombre blanco que caminó por el cono sur, Magallanes en su aventura por circunnavegar el globo eligió el reparo de estas rías y desde entonces las historias de corsarios y naufragios han labrado los anales de este pueblo marítimo cargado de leyendas.

Para llegar a Puerto Deseado hay que desviarse por la legendaria Ruta 3, y seguir viaje por la Ruta 281, pasando los pequeños pueblos de Jaramillo y Teller, se despliega al final del camino, como por arte de magia, la bahía y la ciudad que vive al ritmo de la pesca y el mar. Hoy es uno de los puertos más importantes del mundo, esta categoría desde siempre la tuvo. Muchos barcos descansan aquí para juntar fuerzas antes de cruzar el Estrecho de Magallanes o el tormentoso Cabo de Hornos.

La ciudad conserva el espíritu de una colonia patagónica típica, se huele el fin del mundo aquí. Las inmensas bahías parecen abrazar un mar de un azul profundo en donde anidan los petreles, cormoranes y bandurrias. En su orilla es común ver a lobos marinos y los pingüinos de penacho amarillo eligen a Puerto Deseado de octubre a abril para reproducirse. 30.000 Pingüinos de este especie y el de Magallanes que conviven en la Reserva Provincial Isla Pingüino. De los casi mil kilómetros de costa marítima que tiene la provincia de Santa Cruz, la bahía de Puerto Deseado con sus acantilados y cabos, es una de las más bellas.

Puerto Deseado en 1520 vio llegar a Hernando de Magallanes, antes de que descubriera el Estrecho que lo haría inmortal. Llamó al lugar “Puerto de los Trabajos Forzosos”, por la crudeza del clima y el esfuerzo que tuvieron que hacer para poder sobrevivir. 1586, el corsario Thomas Cavendish, entró al estuario con su barcos Desire, llamando a este paraje Port Desire. Las crónicas cuentan que gigantes patagones salieron al encuentro no muy contentos de ver al hombre europeo aquí.

En 1765 el capitán John Byron llegó de las Islas Malvinas, reclamándolas a los Españoles. Esas islas, aseguraba el marino, eran británicas. En 1770 recibió cañonazos y su corbeta Swift se hundió en Puerto Deseado, engrosando una larga lista de naufragios que alimentan historias de tesoros y barcos escondidos en las heladas aguas. Acaso el visitante más ilustre sea el Capitán Fitz Roy a bordo del Beagle, llevando entre su tripulación a un joven que cambiaría el mundo: Charles Darwin.

Hoy Puerto Deseado es un destino con buena hotelería y restaurantes que ofrecen una carta basada en platos hechos con los frescos y ricos productos que los pescadores obtienen del Mar Argentino. Se puede visitar el Museo del Tren, donde se muestran los vagones que se usaban en el ramal Deseado-Las Heras y que fue el único medio de comunicación durante varias décadas, el tren funcionó desde 1909 hasta 1978. La mejor manera de conocer el pueblo es caminándolo, hay paseos sobre la ría Deseado, comercios con productos típicos, y sobre el final de las calles, el mar y los barcos que por las noches iluminan el horizonte del fin del mundo.