La mejor manera de conocer Puerto Pirámides es ir antes o después de la temporada alta. El secreto es disfrutar del silencio de sus noches estrelladas, de sus mansas aguas cristalinas y de las caminatas solitarias contemplando los acantilados que parecen terminar en el fin del universo. Puerto Pirámides es la puerta de entrada a la Península Valdés y su único centro poblado, la comunidad de 500 habitantes nos da la posibilidad de tener servicios que permiten sentir el principio de la belleza patagónica y oír ese corazón de soledad y mar.

Puerto Pirámides está a orillas del Golfo Nuevo, la magia de la Península comienza aquí. La historia nos cuenta que estas tierras estuvieron habitadas por tehuelches, ellos fueron los dueños originarios. Sin embargo desde temprana edad el lugar estuvo en la mira de los españoles. En 1779 la expedición de Juan de la Piedra descubre estas playas y una orden Real de Carlos III manda a levantar una ciudadela en esta inhóspita parte del mundo. Doscientos familias de afincaron como pudieron, intentaron hacer canales de riego para traer el tesoro más preciado aún hoy de la Península: el agua. Con el fin de sentar un precedente de asentamiento se creó el Fuerte y Puerto de San José de la Candelaría, pero la hostilidad de la vida mudó a estas familias más al norte, donde hoy está Viedma y Carmen de Patagones. Quedaron algunos europeos, pero siempre en conflicto con los tehuelches hasta que en 1810 un malón arrasó con el fuerte.

Recién a finales del siglo XIX el lugar no tuvo una población estable, la sal fue el imán para que los hombres se acercaran. En 1898 una empresa extrae sal en forma intensiva y la embarca en Puerto Pirámides. Dos años después se crea el Tren Salinero, dando comienzo al Ferrocarril de Península Valdés. Como en todo el pais, el tren atrajo a familias y alrededor de la estación se comenzó a levantar un pueblo. Primero fue un almacén, luego un hotel y así hasta convertirse en una población estable. En la primera década del siglo XX llegó a tener 1200 habitantes. El puerto atrajo a buscavidas, aventureros y personajes de todo el mundo. El Tren Salinero dejó de funcionar en 1920, lo que determinó el éxodo de cientos de personas. Puerto Pirámides permaneció siendo un puerto fantasma hasta la década del 70 cuando el turismo recuperó esta belleza natural.

Declarada Patrimonio de la Humanidad, la Península es un lugar de extrema belleza. El imán de sus aguas y de sus paisajes agrestes atrae a familias que en los últimos años han venido a vivir al pueblo donde se vive una vida en contacto directo con el espíritu patagónico. Mar, paisajes desolados y viento. Hoy, Puerto Pirámides es una meca para los amantes de un turismo vivencial. El centro de atracción es el avistaje de la ballena franca austral, el único lugar en el país habilitado para esta actividad.

Las playas son otro de los factores por el cual se elige el lugar, son de muy suave pendiente y se puede recorrer grandes distancias caminando en el mar, disfrutando de la calidez del agua y de su cristalinidad, que la hace ideal para la práctica de buceo. El pueblo en temporada ofrece alojamiento y los servicios básicos para pasar algunos días inolvidables. Se aconseja siempre valorar el servicio de agua potable, que muchas veces colapsa cuando el turismo aparece en forma masiva. Hay restaurantes donde se puede comer productos del territorio, pescados frescos y picadas, por la noche abren algunos bares y pubs. El mejor ejercicio es caminar bajo la luz de las estrellas o esperar ver el amanecer lunar en la playa. Por lo general, el clima siempre acompaña, días de calor, con noches frescas, ideales para disfrutar de largas caminatas.

Desde aquí salen excursiones para conocer todos los hitos y rincones de la Península. La Caleta Valdés es uno de los puntos más visitados, la Reserva se creó en 1983 y fue hecha para proteger a los pingüinos y los lobos marinos. Desde los alto de los acantilados se puede vislumbrar la inmensidad de la belleza de uno de los lugares más increíbles del mundo. Aquí es posible hacer un alto en el camino, un comedor obliga a parar para recuperar fuerzas.

La tranquilidad de Puerto Pirámides es uno de los rasgos más disfrutables de esta pueblo marino. En las semanas anteriores al inicio de la temporada es cuando mejor se puede gozar de esos murmullos que trae el viento patagónico. Ese corazón antiguo y solitario late para aquel caminante que se une con la energía propia del mar y sus misterios.