Empieza a caer el sol. Después de andar en la ruta unos cuantos días, se puede decir que es un buen momento para tomar una cerveza. Aunque a esta hora todavía no hay bar abierto en Tapalqué. Pero sí hay una panadería frente a la plaza principal y la mujer que atiende saca una mesa y un par de sillas. Algunos autos dan la clásica vuelta del perro cuando se beben los primeros tragos. Es un momento de descanso en la gira “Los Caminos de la Recuperación”. Durante el segundo vaso, suena el celular. “Hola, Llambí, ya sé que llegaste porque vi pasar el auto por el acceso”, dice una voz masculina. El que habla es Mariano López (el contacto local), quien aparentemente estuvo haciendo guardia. “¿Dónde estás?”, agrega, “Venite para casa a comer unas empanadas”. Es evidente que el hombre está entusiasmado con la llegada de El Federal. Esperemos no defraudarlo. 
Mariano y Gloria son el matrimonio López. Enseguida ellos abren las puertas de su casa y la charla es animada. Se trata de gente hospitalaria, como si no se los acabara de conocer. Mariano tiene 51 y Gloria 47. Mariano se crió en el sur de la provincia, en Coronel Vidal. Cuenta que hizo todos los trabajos camperos en una estancia de 24 mil hectáreas. También que cuando conoció a Gloria se enamoró en el acto y que por suerte encontró que Tapalqué era su lugar en el mundo. Gloria es directora de escuela rural y habla de su marido con orgullo. Cuenta que Mariano, aunque tímido, es un excelente escritor, que ha ganado premios. Hoy, Mariano trabaja como soguero en su taller y publica textos en el sitio de Proyecto Pulpería (ver “Puente Cultural”). Dice que gracias a la difusión que le dio Leandro Vesco a través de internet, miles de personas accedieron a sus versos y a sus prosas. Se nota que los López son felices en el lugar que habitan.
Después de las empanadas (y más bebida), este cronista tiene que tirarse un rato a descansar. Son cerca de las 11 de la noche y el cuerpo ¡no da más! Se duerme en una piecita del camping, al lado de un arroyo, en medio de un bosque. Al día siguiente la mañana está fresca y vuelve a haber sol. El vehículo avanza a buen ritmo por los caminos de tierra. “Estos son campos bajos de cría. Antes se veían en la zona muchas ovejas”, comenta Lala Baciocco. Lala trabaja en la oficina de turismo de Tapalqué, que acaba de abrir una oficina sobre la ruta, en la entrada del pueblo. A su lado, Mariano cuenta que tiene un amigo con cabaña y que lo acompaña para apartar, vacunar y “volver a hacer lo que uno hacía”.
Los hermanos Edgar y Aníbal Toso son hinchas de River. Cuentan que llegaron hace 56 años al Paraje Campodónico para manejar San Gervasio. San Gervasio es una posta, pulpería, ramos generales, que abrió las puertas en 1850. “Andamos mejorando. Sabemos que es difícil pero vamos a subir”, comentan con respecto a la campaña de su querido equipo en la B Nacional. El tiempo les daría la razón. Los Toso escuchan la AM y tienen buen humor.

Anfitriones. Afuera corre un poco de viento. A un costado hay una cancha de bochas, un monte de paraísos. La pulpería abre a eso de las 9 de la mañana y cierra a las 13 para una siesta obligada. Vuelven a abrir a las 16:30 y quedan abiertos hasta la noche. “Tenemos algunos clientes y hace unos dos años recibimos muchos turistas”. A los turistas le ofrecen picadas. También reciben una vez al año a jinetes que vienen de tres municipios: Las Flores, Azul y Tapalqué. Esta cabalgata se corona con asado, baile y desfile en las instalaciones de la pulpería. Se realiza en noviembre. El teléfono público funciona para las 30 familias que viven en un radio de 20 kilómetros. En verano, sacan mesas para disfrutar de las picadas a la sombra de los árboles. 
La historia de San Gervasio y la de Tapalqué van de la mano. Es que en 1863, San Gervasio fue la proveedora de los elementos para la construcción de las primeras viviendas del pueblo. En 1963, para celebrar el centenario, la pulpería le donó una estatua al municipio. La estatua se ubicó en la plaza principal, frente a la panadería donde este cronista bebió una cerveza apenas llegó. Gracias por la hospitalidad, queridos. Hasta la próxima.