Parece una playa del caribe pero está en la Patagonia, es poco conocida y constituye uno de los últimos rincones vírgenes de la inmensa y maravillosa tierra al sur de nuestro mapa. Punta Perdices es una pequeña playa de aguas cristalinas y mansas, con poco oleaje que está a cinco kilómetros de San Antonio Oeste, en Río Negro. La presencia de una paz única ha hecho que la ubicación de la playa se traslade de boca en boca, casi como un secreto que pocos pueden acceder. La belleza aquí es incomparable.

La oferta turística marítima de Río Negro es amplia y variada, pero siempre de gran calidad. El Golfo San Matías es una puerta de acceso a balnearios y reservas naturales únicos. Sus costas son beneficiadas por una corriente de agua tibia que permite estar en La Patagonia, pero disfrutando del sol, dentro del agua, mirando el azul esmeraldino del mar Argentino. Las Grutas es sin duda “la” playa del sur del mundo. Playas Doradas es otro punto turístico de superlativa belleza. Las playas rionegrinas tienen en común sus leves olas que ayudan a prolongan el descanso y la cristalinidad del agua. El sol se refleja en estas aguas multiplicándose en tonos que parecen contener a todo el círculo cromático.

Punta Perdices es una de esas playas que uno conoce y no quiere irse. Son esos lugares mágicos en donde queremos proyectar nuestra vida, y en esta pequeña y solitaria playa de conchillas donde la voracidad del turismo no ha llegado, se puede justificar cualquier esfuerzo en la ruta y en el camino de acceso cuando nuestros pasos se detienen en este desolada muestra del paraíso que se nos está permitido conocer. Situada a cinco kilómetros de San Antonio Oeste, la playa tiene un momento único, cuando sube la marea y el agua cristalina permanece en la pequeña bahía, sin olas, como si fuese una pileta de natación natural. Ideal para la práctica del buceo o simplemente nadar fijando la vista en nuestros pies, que se perciben como si el agua fuera aire liquido.

La playa es solitaria y a excepción de una casa en ruinas, único resto de una avanzada que alguna vez soñó con hacer aquí un poblado, no hay nada, sólo el mar y su hechizo. No hay comercios ni servicios. El territorio es salvaje y esta es la principal característica que vuelve al recoleto balneario, un lugar privilegiado. El camino desde San Antonio Oeste es de ripio pero está bueno, aunque se debe transitar con precaución. Los pocos que se animan al lugar recomiendan llevar provisiones para pasar el día. Cuando baja la marea, el mar deja al descubierto algunas rocas que forman piletas por donde es posible ver cornalitos y pulpos. Desde Punta Perdices se pueden ver los barcos que van entrando a la Estación Marítima de San Antonio. Cuando cae el sol, el viento parece refugiarse en esta pequeña bahía trayendo aromas minerales, con la última luz del día, la playa nacarada ofrece un espectáculo inolvidable.