Por Leandro Vesco

La situación hídrica es preocupante en muchos sectores de la provincia de Buenos Aires. Un verdadero mar se expande por todo nuestro suelo, que no puede absorber más agua ni errores de políticas. Es que por obras que no han sabido implementarse hoy son varios los pueblos y parajes que están incomunicados tras las lluvias que la semana pasada azotaron a varios distritos bonaerenses.

Hace pocos meses el ciclo natural de sequía ofrecía una posibilidad sin precedentes para encarar obras de mantenimiento y arreglos en canales y caminos rurales. Desaprovechada esta oportunidad, hoy miles de bonaerenses deben sufrir este meteoro del que pocos hablan.

Difundimos la realidad que se vive en la zona de Vivoratá, en la Iglesia La Micaela, en el Partido de Mar Chiquita. Las imágenes son conmovedoras. El agua ha superado el cauce de ríos y arroyos, y el legendario templo y su zona adyacente se hallan bajo las aguas.

En muchos partidos se está sufriendo una realidad muy grave: caminos intransitables, escuelas rurales incomunicadas y niños que no pueden tomar sus clases. Parajes y pequeñas localidades aisladas y sin ninguna asistencia, ciudadanos que se las tienen que ver ellos solos con este horizonte ceniciento de agua y barro, canales clandestinos desbordados que llevan el agua hacia donde no debería ir, injusticia que se traduce en desesperación y abandono.

Hay muchísima gente en el campo que está pasando por esta ingrata y repetida situación. El interior, nuevamente, se siente solo y está sin consuelo. Parece que los grandes anuncios de cambios llegan a estas tierras bajo la forma de la fantasía.