Por Gustavo Hierro. Fotos: Archivo Infomedia.

La PPC (peste porcina clásica) es una enfermedad transfronteriza de naturaleza viral específica del cerdo doméstico, cerdos asilvestrados y jabalíes, altamente contagiosa con una elevada morbilidad y mortalidad. Esto es un riesgo para la seguridad alimentaria, el desarrollo pecuario e implica restricciones al comercio nacional e internacional.

Según afirma un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la producción porcina en Latinoamérica podría ser atacada por el virus y así la seguridad alimentaria y la fuente de ingresos para los agricultores familiares. Así lo afirma la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La preocupación se desprende de las pérdidas que generon en la rgión las muertes de animales, las bajas en la producción y los costos asociados a su prevención, control y erradicación. Enfermedades como la peste porcina son una amenaza al desarrollo de la industria y a la seguridad alimentaria regional.

El foco

Durante un encuentro reciente realizado en Chile entre los integrantes del proyecto subregional de la Peste Porcina Clásica (PPC) en los países andinos, Tito Díaz, Oficial de Desarrollo Pecuario de la FAO, comentó que “América Latina es el tercer exportador mundial de carne de cerdo, además del primer exportador de carne bovina y de ave. Sin embargo, todavía persisten altos niveles de desnutrición y de pobreza en la región”.

Según el cuatoriano Javier Vargas, Director de Salud Animal de Agrocalidad, consultora dedicada a la sanidad animal y vegetal, le comentó a El Federal que “el apoyo de la FAO ha ido muy importante para avanzar en la mejora del estatus sanitario del país, a través de capacitaciones y asistencias técnicas. Los buenos resultados se han visto reflejados en el Programa de Control de la Fiebre Aftosa y en el de Control de la PPC. Por ello necesitamos trabajar conjuntamente con la FAO y los pequeños productores, que son parte del sustento de nuestra economía.”

El objetivo general de la reunión fue analizar las acciones realizadas durante la implementación del proyecto, presentar los logros y avances obtenidos en el trabajo e instrumentar los mecanismos de apoyo y seguimiento al establecimiento de un programa subregional de prevención, control y erradicación de la enfermedad en los países andinos.

Por su partem Diego Rojas, Director del Programa de Erradicación de la PPC de la Asociación Colombiana de Porcicultores declaró que “el papel integrador con los países que cumple la FAO, líder regional del Programa Continental de PPC, es fundamental para mejorar el estatus sanitario y disminuir así el hambre a través del control y erradicación de una enfermedad que ocasiona pérdidas económicas en las poblaciones rurales”.

Agricultura familiar

En el encuentro se afirmó que la producción porcina familiar es clave para la seguridad alimentaria. El impacto de las enfermedades animales como la PPC sobre los medios de vida de las comunidades rurales y de los pequeños productores es devastador. Para avanzar en sistemas integrados de vigilancia de enfermedades animales, es necesario fortalecer las acciones a nivel local con los pequeños productores, entendiendo la salud animal como un bien público.

En Bolivia también hay interés en erradicar la enfermedad. El Director del Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria de ese país, Cristian Fernández, concluyó que “Bolivia espera seguir trabajando con la FAO en la erradicación de enfermedades como la Fiebre Aftosa y la Peste Porcina Clásica y así hacer un frente común en la lucha contra la pobreza extrema”.

En la subregión andina, existen cerca de 12 millones de cerdos. El 96% está bajo dominio de pequeños productores, lo que aumenta la brecha de la producción pecuaria familiar. El 26% de esta producción es agricultura de subsistencia, donde el 10% de la proteína animal es obtenida de auto consumo de cerdos en la subregión.

Estudios recientes indican que la enfermedad se ha detectado en los últimos 5 años. Las perdidas directas por mortalidad y caída de los índices productivos se estiman en cerca de 4,3 millones de dólares al año por país, sin considerar los costos indirectos derivados de la atención de focos y la aplicación de medidas de restricción y cuarentena para impedir su diseminación.