Por Damián Damore / Fotos Jazmín Arellano (Enviados especiales a Victorica, La Pampa)

El Festival de la Ganadería no gana para sustos. El fin de semana estuvieron alertas por el clima. Y esta semana la nota la dieron Los Tekis con una tardanza que preocupó a los organizadores. Pero antes pasaron cosas.

La faena recitadora de Adrián Maggi dijo presente. El cantor de San Andrés de Giles, que cuenta con más de 150 obras de su autoría, hizo vibrar a los victoriquenses que se acomodaban entre Fernet y Fernet. Si bien Maggi es un cantor popular, él se define mejor como cantor y decidor criollo comprometido con la realidad y la docencia desde el canto.

El cantor suena altivo (su prosa responde como si él fuera atacado por las palabras), pero fue un buen preludio de la jornada que se acabaría con Gualicho, el ensamble de voces proveniente de Córdoba que ya no cuenta en sus filas con Carlos Toro, el hijo del gran Daniel Toro, pero conserva las voces de Sergio “La Llama” Basan y Mauricio Fernández.

Para La Callejera, grupo formado por integrantes de distintas provincias pero instalado en Córdoba, cada show intenta ser la banda de sonido de una fiesta familiar. Recién repuestos del ajetreo de Cosquín -donde cada año montan una de las peñas más concurridas del enero cordobés- y con el aval de haber sido elegidos como Revelación en Jesús María y haber tocado en Cosquín 2015, la banda celebró en Victorica sus primeros 11 años de carrera.

Su lider, Ariel “Chaco” Andrada, cantante y guitarrista, llevó adelante un show con las espaldas bien anchas por el envión que les produjo el reconocimiento en los festivales machos. El show fue muy parecido al quedieron en Cosquín. Abrieron con la cueca Llorando unos ojos negros, siguieron con La chicharra cantora, Rancho e´ la Cambicha y cuando la fiesta se animó lanzaron una serie de chamamés.

La cuenta que comenzó con el clásico Puerto Tirol y culminó con un tinku que publicarán en el próximo disco, consolida el deseo del grupo de rescatar danzas que quedaron olvidadas. El carisma de “Chaco” le pone un guiño para saltar a la pista. Y él pone su impronta de identidad, con las chacareras chaqueñas, esas que registraron en su último trabajo “Baila País”.

Pero sin dudas la nota la pondrían Los Tekis el martes. El show de Orellana-Lucca (santiagueños de Frías, ex Presagio), bien llevado con zambas y chacareras, en donde no escatiman identidad pero con pulso actual y sin miedo al enchufe: la esencia, la buena combinación de voces y el respaldo de la tierra le cubren las espaldas, trajo una explicación de la organización: avisó que Los Tekis venían atrasados.

Salieron a la mañana de Jujuy a Buenos Aires, pero en Aeroparque cancelaron un vuelo que los trasladaba a Santa Rosa. Partieron a medianoche en un vuelo privado. A las 3, hora en que finaliza el último espectáculo del festival de Victorica, todavía no habían llegado y la plaza se puso impaciente. Era el día de más asistencia (cuatro mil personas), muchos de de pueblos vecinos llegados especialmente para ver a los jujeños.

Las quejas se hicieron notar con palmas y algunos abucheos. Entonces, Nacho Sánchez, compadre santiagueño de los Orellana-Lucca, se ofreció a tapar el bache con las canciones de su próximo disco. Así, el festival sumó un show tan bueno como inesperado a las 3.30 de la mañana.

Los Tekis, se sabe, están en la cresta de la ola. Su show es para grandes estadios. Fuegos, luces, muchos instrumentos. Armar la parafernalia le llevó a los plomos casi una hora.

Comenzaron con la zamba El humahuaqueño, el clásico de Edmuando Zaldívar y, por los colores que trajeron, el carnaval estaba llegando aunque fueran las cinco de la mañana.

Tras una hora y media de explosión visual y de varias canciones extraídas del rock local (Arde la ciudad, de La Mancha de Rolando; Pupilas lejanas, de Los Pericos, Siguiendo la luna, de Los Fabulosos Cadillacs y Tu sin mí, de Dread Mar I), se congraciaron con el público, a esa hora desatado sobre el el borde y detrás de escenario celebrando su música.

Cuando terminó, la banda recibió al público en su carpa. Incluso invitaban alguna bebida a los que se asomaban, como si ellos fueran los paisanos. Se quedaron ahí hasta las siete, cuando el sol pampeano ya despuntaba limpio en el horizonte.

Victorica le puso un punto al festival 2015 con el festejó, el miércoles, de sus 133 años y la actuación de Patricia Sosa. Fue todo mucho más tranquilo.