Que los transgénicos o GMO (organismos modificados genéticamente) son un negocio no es novedad. Que no son necesarios para alimentar al mundo también lo sabemos: con lo que desperdicia por año América Latina se podría erradicar el hambre a nivel mundial.

Lo que no sabíamos hasta ahora, ya que se mantenían en secreto, son los nombres de quienes integran el organismo clave en la aprobación de estas semillas en nuestro país, la Comisión Nacional de Biotecnología Agropecuaria (Conabia) y, tras 26 años de silencio, el Ministerio de Agroindustria dio a conocer casi todos los nombres. De 34 integrantes, 26 están vinculados a las empresas que producen y comercializan los transgénicos o son científicos con conflictos de intereses: Bayer, Monsanto, Syngenta, Indear/Bioceres, Pioneer/DuPont, Don Mario, y también a las organizaciones Aapresid y Aacrea.

Como explica Darío Aranda en Página 12:

Miguel Rapela y Fabiana Malacarne, de la Asociación de Semilleros de Argentina (ASA), donde confluyen todas las empresas multinacionales de semillas transgénicas; Gabriela Levitus de Argenbio (organización de lobby científico-político fundado por las empresas Syngenta, Monsanto, Bayer, Basf, Bioceres, Dow, Nidera y Pioneer); Alejandro Petek y Luis Negruchi (de la organización de empresarios Aapresid, espacio de lobby transgénico, hoy presentes en el Ministerio de Agroindustria), Silvia Lede (con pasado en la multinacional Basf), Abelardo Portugal, ex presidente y referente de Aianba (Asociación de Ingenieros Agrónomos del Norte de Buenos Aires) y parte de la organización Maizar (donde participan todas las empresas del sector). Aianba es auspiciada por Bayer, Dow y Monsanto.

El Ministerio de Agroindustria tuvo especial cuidado en ocultar a integrantes que hasta hace poco tiempo participaron y tuvieron influencia en la aprobación de numerosos transgénicos: Miguel Alvarez Arancedo (Monsanto), Magdalena Sosa Beláustegui (Bayer), Mirta Antongiovanni (Don Mario), Gerónimo Watson (Bioceres/Indear), Atilio Castagnaro (Estación Experimental Obispo Colombres, de los grandes ingenios azucareros de Tucumán), Alejandro Tozzini (ex Monsanto, actual de Syngenta), Gustavo Abratti (DuPont-Pioneer), Claudio Gabriel Robredo (ex Monsanto), Mauro Meier (de la Asociación de Cooperativas Argentinas).

También integran la Conabia científicos que figuran con pertenencia a instituciones públicas, pero con conflictos de intereses con las grandes empresas de semillas y agrotóxicos: Dalia Marcela Lewi, Fernando Bravo Almonacid, Mónica Liliana Pequeño Araujo, Hugo Permingeat, Lucas Lieber, Mariano Devoto, Elba María Pagano.

El organismo responsable en liberar semillas se soja, maíz, algodón, papa y caña de azúcar no cuenta con ningún científico crítico a los transgénicos. Tampoco permite la participación real de entidades de la sociedad civil.

Desde 1996, la Conabia aprobó 41 transgénicos (de soja, maíz, algodón y papa). Las empresas beneficiadas fueron Syngenta, Monsanto, Bayer, Indear, Dow, Tecnoplant y Pioneer y Nidera, entre otras. Las mismas empresas que dominan la Conabia y prometen que “los transgénicos son seguros”.

La Conabia fue creada en 1991 por el gobierno de Carlos Menem. En 1996 aprobó la primera semilla transgénica. En tiempo récord (81 días) dio luz verde para la soja (con uso de glifosato) que modificaría radicalmente el agro argentino.

Desde 1991, los distintos gobiernos evitaron informar quiénes eran los “científicos” que aprobaban los transgénicos. En junio pasado se filtró el listado de integrantes en el periódico cooperativo MU. De 34 integrantes confirmados, 26 pertenecían a las empresas o tenían conflictos de intereses. El dato fue retomada por la ONG inglesa GMWatch, traducida al inglés y distribuida en instituciones académicas de Estados Unidos y Europa. La noticia, bajo el título “La corrupción transgénica”, comenzó a circular en ámbitos científicos.

En los siguientes videos podés ver cómo nuestra alimentación forma parte de un negocio y que los transgénicos no están alimentando al mundo, si no que nos envenenan: