El Ministro de Educación de la Nación Esteban Bullrich acostumbra a hacer declaraciones que generan polémicas, hace unas semanas atrás había afirmado que era necesaria una nueva campaña del desierto para educar a todo el país. Esta semana anunció que 17.000 escuelas rurales tendrán Internet para fines del año que viene.

Nuestra idea es que no queden más escuelas rancho”, se refirió de un modo despectivo al afirmar que en su mandato, los establecimientos rurales mejorarán, al menos estarán conectados. El rancho es la vivienda que tienen lo habitantes del interior profundo de nuestro país. No es un lugar decadente ni mucho menos, es un espacio de contención en donde se desarrolla la vida de millones de argentinos que viven fuera de los grandes centros urbanos.

El anuncio de la llegada a Internet a los establecimientos rurales se dio en el marco del Primer Encuentro Nacional de Educación Rural y Agropecuaria, que unió a 250 referentes provinciales de educación rural y 35 ONG´s miembros de EduRural. El ministro enfatizó que cada escuela rural tiene que tener “un proyecto propio”

Las escuelas rurales del país deben vivir una realidad muy dura, falta de recursos, edificios en pésimo estado, niños que deben recorrer muchos kilómetros por día, a veces sin útiles ni calzados. El pedido de proyecto propio del ministro debería comenzar con la asistencia del estado, por lo menos en su parte básica: alimentación, útiles y bibliografía, los tres elementos que más escasean en el ámbito rural. El mes pasado se conoció el caso de un maestro que debe caminar doce horas para dar clases

“Nosotros creemos que la educación es un enorme valor, porque la educación une detrás de un objetivo. De las 46 mil escuelas en el país, 17 mil son rurales. Tenemos que abrir en cada una de ellos un proyecto propio”

El ministro indicó que es muy importante la capacitación docente, y generar una red de escuelas rurales. “Tenemos que mejorar la infraestructura y los caminos de acceso a las escuelas”, reconoció. Los niños que asisten a las escuelas rurales, muchos de ellos que viven en ranchos, antes que Internet, esperan libros, zapatos y un plato de comida.