Pequeños productores, muchos de ellos emprendimientos familiares, coincidieron en que el Festival Gastronómico Raíz, que abrió hoy en Tecnópolis, es una vidriera al gran mercado de los alimentos y que el vínculo que hacen con otros productores es una apuesta al crecimiento y a la innovación.
 
Casi todos trabajaban hasta hace pocos años en otros oficios, como la docencia o la administración pública, y ejercían su profesión en alguna empresa de la zona de residencia; hoy, son productores argentinos, muchos sorprendidos por los logros alcanzados. “Este mercado ha sido para mí un incentivo para seguir creciendo. Vengo aquí y me encuentro con miles de personas y con los chef cara a cara, que son los que usan mis aceitunas, tomates y pimientos deshidratados en sus platos, y que fueron la vedette de Raíz 2013”, dijo a Télam Jorge Paredes, desde su stand ”The old chef”, proveniente de Catamarca.
Paredes, ingeniero, desarrolló un horno de disecado que funciona con energía solar y obtiene un producto deshidratado que permite desentenderse de colorantes y acidulantes que son los que le quitan el sabor a las delicias de la naturaleza. “¿Le gustan las aceitunas señor?”, le pregunta Paredes a un visitante que recorre el mercado y que sólo después de morder una de ellas recordará el verdadero sabor de ese fruto y más aún del tomate, atributo que quedó en el olvido por el efecto no deseado de los conservantes o de los modos de producción que le quitaron al tomate lo más preciado de sí: el gusto.
Norma Herrera, de la localidad chaqueña de General Pinedo, dice que la algarroba, producto típico de su región, fue el motivo por el cual dejó de ser “una ama de casa al cien por cien” para convertirse “en una pujante y entusiasta productora”. Lo dice así, con esas palabras. “Los alfajores de algarroba rellenos de membrillo o dulce de leche son la estrella de mi emprendimiento, además de los bizcochuelos y los fideos”, detalló Herrera, que llegó por primera vez este año a Raíz gracias a que el INTA invitó a participar del Festival Gastronómico a todos los productores de esa localidad que se reúnen los sábados en la plaza, en “la Feria Franca” donde venden sus productos.
Desde Neuquén, un stand de la Finca Araucaria, “del excelente ahumador Sebastián Masucheli” y ubicada en Villa Pehueña, exhibe ahumados de truchas, corderos, jabalíes, ciervos y queso, todos productos de la Patagonia. “Desarrollamos los ahumados basándonos en una costumbre de los antiguos de la zona. Hoy nuestros productos se hacen en una fábrica modelo”, dijo Javier Arari, mientras preparaba una ensalada verde con ahumado de trucha, a la vista de quienes pasaban frente a su stand. El color y el sabor de las islas del Delta se puede disfrutar en “Los Pelones”, fabricantes de mermeladas y dulces hechos a base de nueces pecán -características de esa zona- y de otras frutas.
“Somos mi hermana, mi cuñado y yo. Hace años que estamos con ésto. Tenemos nuestra fábrica sobre el río San Antonio, a 40 minutos del puerto de lanchas de Tigre, y comercializamos estos productos desde la isla adonde la gente que nos conoce nos va a comprar, le contó a Télam Pablo Noailles y recomendó el mix de frutos cítricos, una combinación de naranjas, pomelo rosado y limón inexistente en el mercado no artesanal.
 
Graciela Heim, con su emprendimiento de tortas alemanas, una cocina a la que se puede ir a tomar el té en Colonia Hinojo, partido de Olavarría, llamada “Lo de Graciela”, comparte el stand con Ana Otermin, que fabrica chutneys (salas agridulces especiales para acompañar carnes) y mermeladas con su marca “Dulzuras del Campo” en su propia casa, también en Olavarría.
 
“Esto es lo que amamos y estamos orgullosas del proyecto que hemos levantado”, dice Graciela, que fue empleada 38 años en una estación de servicio y Ana, que trabajó toda la vida como empleada municipal, durante la primera jornada del Mercado Raíz, que por estar bajo techo en el pabellón Bicentenario de Tecnópolis abrió desde temprano a pesar de la tormenta.
Sin embargo, el mal tiempo pasó y antes del mediodía los puestos de comidas, clases y actividades al aire libre comenzaron a convocar a las delegaciones de colegios y otros visitantes que llegaban al predio, cuando se despejó el cielo y salió el sol en Tecnópolis, en su último fin de semana del año.