Este es un trabajo que se viene realizando hace 5 años de manera conjunta con biólogos de Brasil y Estados Unidos para seguir el comportamiento de las ballenas y su derrotero en el mar en busca de alimentos y otros aspectos que nos permiten conocer esta especie“, comentó el director del laboratorio de Mamíferos Marinos del Cenpat, Enrique Crespo.

El especialista sostuvo que “el foco de interés son ejemplares de ballena franca austral (Eubalaena australis) a las que se les implantó el dispositivo y están con destinos diversos. Hay ejemplares que navegan hacia el sudeste -la zona de las islas Georgias-, y otros que van hacia el norte, cerca del talud continental donde hay corrientes submarinas que aportan nutrientes y alimento“.

El seguimiento satelital se realiza a través de dispositivos implantados en la zona dorsal de los cetáceos cuya lectura se procesa en el Cenpat, dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), localizado en Puerto Madryn.

En total se colocaron 47 dispositivos, de los cuales 23 se “marcaron” este año. Crespo indicó que “la colocación es compleja porque se tienen que dar varios factores, entre ellos que la navegación no sea muy brusca“.

La intención es aprovechar al máximo la capacidad del aparato tecnológico porque el cuerpo de la ballena termina expulsando el dispositivo con los meses ” tal como nuestro organismo expulsa a una espina por ser un cuerpo extraño”, comparó. Los dispositivos son elaborados en acero quirúrgico de una sola pieza.

Los ejemplares de ballena fueron “marcados” en los golfos de Península Valdés, sobre el noreste del Chubut en el marco del proyecto “Rutas de migración y potenciales áreas de alimentación de la Ballena Franca Austral”.

De acuerdo a un cálculo matemático se estima que la población de ballena franca austral es de 5.000 ejemplares, aunque en rigor en los golfos de la península y zona de influencia se suelen divisar no más de 2.000.

Uno de los aspectos que se descubrieron gracias al seguimiento satelital es que las hembras -que quedan preñadas cada 3 o 4 años- no vuelven todas las temporadas aunque si los machos.

Los registros tienen gran importancia para evaluar las amenazas a las que se enfrenta esta población de ballenas, ya que la pesca a gran escala, sobre todo la de arrastre y con arpones, atenta directamente contra su supervivencia porque se llevan una porción muy importante de la biomasa con la que se alimentan.