Por Gabriela Koolen

En los últimos tiempos se ha oído hablar de los problemas vinculados con la gran masa de residuos que ya no encuentran lugar. Los debates parecen centrarse en “dónde” poner la basura. Sin embargo, la cuestión podría reformularse, haciendo foco en “qué” es basura. Según el último informe de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable -realizado en el 2005- de las más de 12.300.000 toneladas de residuos que se generan anualmente en el país, aproximadamente sólo el 12%  no corresponde a materia orgánica ni es reutilizable. Así, materiales como papel, cartón, vidrio o plástico, son descartados sin tener una “segunda oportunidad” en el ciclo productivo. Muchas veces se piensa en la cuestión ambiental en términos abstractos, pero existen impactos concretos, y pequeños hábitos que hacen grandes diferencias. En la Argentina hay personas que, desde diversos espacios, están trabajando y pensando en el tema.

Gestión cooperativa. Al entrar al galpón que funciona como planta del centro de reciclado El Ceibo, lo primero que llama la atención es una inmensa montaña de “basura”. El kilo y medio de residuos que -según el informe de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable- produce diariamente cada habitante de la ciudad de Buenos Aires cobra una nueva dimensión visto de este modo. Sin embargo, lo que ocurre después es lo que cambia radicalmente la mirada sobre el tema: luego de la descarga, los residuos pasan a través de una tolva, a la cinta donde los trabajadores clasifican los diferentes materiales, que serán finalmente enfardados para su venta. Así se produce el cambio de signo, de los “desechos” en “recursos” que se reincorporarán al ciclo productivo.
Al final de la jornada laboral -que comienza a las 6 de la mañana y termina alrededor de las 16-  entre 8 y 10 toneladas de materiales, que fueron recogidos en diferentes zonas de Buenos Aires, son recuperados. “Acá reciclamos de todo: papel, vidrio, cartón, plástico, telgopor”, dice Cristina Lescano, la coordinadora de esta cooperativa, que se formó en el 2001, y en la cual hoy trabajan 67 personas. La recolección involucra una logística diaria, e incluye particulares que se contactan con la cooperativa -o se acercan al punto de recolección que tiene en Palermo- y empresas o supermercados -los “grandes generadores”- que proveen una mayor cantidad de materiales.

Barrio del reciclado. La cooperativa El Álamo, que logró organizar un sistema de reciclado para el barrio de Villa Pueyrredón de aproximadamente 200 manzanas, se formó en 2003. El proyecto fue conformándose a partir del trabajo articulado entre los recolectores que trabajaban en la zona, y los vecinos del barrio. Luego de sortear diversos obstáculos, la cooperativa logró obtener un espacio adecuado para instalar la planta. Allí se separan, clasifican y enfardan diariamente materiales como papeles y cartones de todo tipo, vidrio, nylon, y algunas variedades de plástico -el más importante es el pet, utilizado en botellas y envases. Raquel Fleita, la presidenta de la planta, comenta que lo que más se recicla allí es el cartón, y explica que la clasificación se realiza de forma manual, mientras que las maquinarias con las que trabajan son una prensa -que sirve para enfardar-, y un autoelevedor, utilizado para la carga y descarga de materiales.
Hoy, El Álamo cuenta con aproximadamente 50 trabajadores, que se distribuyen entre la planta, y la recolección domiciliaria y en grandes generadores. El sistema de recolección se organiza de manera diferenciada entre la recolección domiciliaria, la que incluye las áreas comerciales –calles y avenidas donde hay más negocios – y los grandes generadores.

Ecología solidaria. El programa de reciclado de la Fundación Garrahan surgió en 1999, con el reciclado de papel y cartón. Patricia Gavilán, coordinadora del programa, señala que los primeros tiempos fueron de mucho trabajo y desafíos: “Cuando empezamos prácticamente no se hablaba de responsabilidad social empresaria, y poco se discutía sobre el cuidado del medio ambiente, y nosotros teníamos que salir a buscar empresas que quisieran colaborar.”
A través de campañas, el programa fue creciendo, y fueron sumándose otros materiales para reciclar, como las tapitas de plástico, y más tarde las llaves. Además, el sistema fue articulándose a nivel nacional a través de los aportes de particulares y empresas que se acercaron a donar sus residuos, u ofrecer su propia logística para colaborar en el sistema de recolección.
Hoy, más de 40 personas trabajan en el proyecto, y se reciclan por mes aproximadamente 600 toneladas entre cartón y papel, y 50 o 60 toneladas de tapitas; mientras que la recolección de llaves, que ya suma las 44.000 en total, es un poco más lenta y fluctuante. Sin embargo, uno de los puntos que destaca Patricia Gavilán es la toma de conciencia que se fue generando a partir de las campañas, en las que participan muchos colegios.

Mirada universitaria. Nadia Mazzeo, licenciada en Ciencias Ambientales de 24 años, comenzó a estudiar porque quería “lograr un cambio en la sociedad, educando y concientizando a las personas, para que valoren lo que tienen, y se den cuenta de todos los bienes y servicios que nos da el ambiente” . Así, en abril del 2008, junto con otros estudiantes y un profesor de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires decidió participar de la creación del grupo MIRA –Manejo Integral de los Residuos por el Ambiente- que se desarrolló en esa universidad. Lo primero que hicieron fue contabilizar la cantidad de residuos generados en la facultad -que alcanzaban los 600 kilos diarios- y pudieron comprobar que el 50% de los materiales eran reciclables.