En marzo de 2017 dos amigas entrerrianas tuvieron un sueño y lo cumplieron: unir La Quiaca con Ushuaia a bordo de un Citroen modelo 1971. Ambas recorrieron el país encontrando poblados e historias, sintiendo el corazón de una Argentina federal y solidaria. Para solventar el viaje en cada pueblo brindaron talleres de reciclado de papel y diseño editorial. En estos días están cruzando la provincia de Buenos Aires, con la brújula puesta en dirección a Entre Ríos.

Luisina Zitelli y Adriana Bruselario viven en Paraná, la segunda coordinaba un taller de percusión y estaba cansada de llevar los tambores en colectivo, así que decidió comprar un Citroen modelo 1971. Luisina es diseñadora gráfica. Ambas compartían algunos espacios en la capital entrerriana y vieron una noticia que informaba el viaje de dos mujeres que recorrían el mundo en un vehículo similar al que había comprado Adriana. El sueño allí nació.

El viaje nació de una inquietud compartida de querer recorrer el país y conocer distintas provincias. Durante dos años estuvimos preparando el auto y planificando a dónde íbamos a ir”, afirmó a El Once Luisina. “Empezamos entre las dos a ponerle amor y dinero, a la idea. Bautizamos al Citroen, Kururu. Una particularidad es que la mayoría de los que tienen un auto así, le ponen nombre, y a esos autos les decían rana. Por eso lo llamamos así, y cultura anfibia es por la capacidad de adaptabilidad”, explicó Adriana.

La aventura comenzó el 19 de marzo de 2017 en Paraná. Ese día arrancó el “Kururu”. Sólo sabían que querían llegar a Córdoba, y llegaron. Pero el mapa se le desplegó como una rosa de los vientos a la que había que recorrer, pasaron por Catamarca, Salta, Tucumán y Jujuy, al llegar a La Quiaca, ese límite las desafió: “Desde allí bajamos por el lado oeste de Salta, empezamos a tomar la ruta 40 y luego hacia abajo por San Juan, Mendoza, Neuquén, Chubut, Río Negro y Santa Cruz”, relató Luisina.

En el camino, paran en pequeños pueblos y soledades compartidas. “Vamos hacemos un taller de papel reciclado, y también de encuadernación y diseño editorial”, apunta Luisina. “Nos sorprendieron los paisajes que tiene nuestro país, la diversidad cultural y lo bien que nos recibía la gente. Estamos muy felices”, resumió Adriana. Una vez que llegaron a Ushuaia, emprendieron el camino al norte, en estos días están cruzando la provincia de Buenos Aires.

Muy pocas veces tuvimos que recurrir a un hotel. Generalmente nos dan alojamiento a cambio de los talleres, o hacemos camping, y lo otro que nos ha funcionado muy bien es el couchsurfing, donde hay un listado de anfitriones dispuestos a dar hospedaje a los viajeros”, sostiene Luisina, configurando una realidad que sólos los que se animan a transitar por los caminos de nuestro país pueden reconocer.

“Y en cuanto a vivencias, nos impactó un lugar que se llama Laguna Blanca, en la puna catamarqueña. Es impresionante, con una población de originarios de 300 personas, la mayoría son niños, y tuvimos la suerte de tener un contacto en el Museo de Arqueología y quedarnos ahí a dar talleres durante una semana”, agrega Luisina.

“No hemos hecho un balance aún de nuestro viaje hasta ahora, pero sentimos una felicidad inmensa por haber cumplido una meta. Era lo que anhelábamos desde que lo pensamos, pero antes de partir una no sabe si el auto va a responder o con qué se va a encontrar. Estamos súper contentas con los paisajes que hemos podido apreciar, con la gente que hemos conocido”, concluye Adriana, ambas amigas están en la recta final de un viaje de iniciación que las ha llevado por conocer las venas de una Argentina profunda, con las puertas abiertas.