Ballenas, tiburones y orcas son algunas especies de la fauna marina que vivió hace 6000 años cerca de las costas que hoy conocemos como bonaerenses e incluso entrerrianas, ya que ese mar llegó a bañar hasta parte del litoral argentino.

El pequeño hueso de fémur hallado en 1898 en una fosa destinada a los cocodrilos del Zoológico, que se había inaugurado el 11 de noviembre de 1875, fue recuperado y de alguna manera re descubierto por un grupo de investigadores del Museo Argentino de Ciencias Naturales.

“Hace unos 6000 años, un mar bastante cálido llamado querandinense invadía gran parte del territorio de la provincia de Buenos Aires y es así que este lobo marino había nadado hasta estos sitios”, dijo a Télam Federico Agnolín, paleontólogo del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN), al frente de la investigación publicada por la revista científica Urbania.

La investigación -que recibió el apoyo del Conicet y la Fundación Azara- aporta una nueva evidencia al conocimiento del lugar donde vivimos, y de cómo se cambian las geografías en función de las altas temperaturas.

“Cómo es que un mar puede llegar a un lugar donde antes no llegaba o puede dejar de hacerlo. Las altas temperaturas derriten los glaciares. Adónde creemos que puede ir a parar el agua de esos hielos que se derriten? Al mar, que al crecer va a llegar a otras costas”, informó el científico. Por el contrario, al bajar las temperaturas al cabo de los años, el mar se va a retirar de esas costas, añadió.

“Hoy, los restos de este mar vuelven a aparecer en algunas excavaciones de edificios del centro, o en la reserva ecológica de la Costanera Sur, donde en ocasiones el río excava parte de ese mar antiguo y reflota restos de conchillas y otros elementos”, dijo Agnolín.

El primer hallazgo del fémur del lobo marino fue mérito de Eduardo Holmberg, quien iba a ser el primer director del zoológico, y que cuando recorría las excavaciones en donde se iban a poner las piletas para cocodrilos vio un “huesito” que apareció en una capa de arena a un par de metros de profundidad”. Holmberg comprendió que estaba ante un hallazgo valioso y le envió el material a Florentino Ameghino, el paleontólogo más importante de aquella época.

“En reconocimiento a quien había sido su descubridor, Ameghino nombró a esta nueva especie como arctocephalus holmbergi”, indicó Agnolín. Pero, poco después, se perdió el registro del resto fósil y este pequeño lobo marino pasó perdido más de cien años en las colecciones del Museo (MACN), según la agencia CTyS, de la Universidad Nacional de la Matanza (UNLaM).