“Luca, un ciego guiando a los ciegos”, la clásica biografí­a de Carlos Polimeni sobre Luca Prodan (1953-1987), vuelve a las librerías trayendo fotografías inéditas del italiano que con su áspera cadencia anarcopunk y la lúcida lírica de Sumo dobló el curso del rock nacional.
 
Reeditado durante 25 años en distintos formatos pero sin grandes variaciones en su texto, el libro escrito cuando Prodan era casi desconocido, poco después de su muerte a los 34 años, en la Buenos Aires de la efervescencia democrática, es publicado ahora por el sello Sudestada.
 
El volumen trasciende la vida de este músico, poeta y aventurero -niño de familia acomodada que con 17 años inició su derrotero por la contracultura europea para recalar de este lado del Atlántico una década después-; también es wwwigo de la idiosincrasia de un sector de la sociedad argentina, de cómo entendían el arte y el rock, de cómo vivían ese efervescencia post dictadura.
 
Recuperando esa mirada epocal, Polimeni describe una escena movilizada por “un choque entre artistas que vení­an de los 70 y los jóvenes de los 80, entre frí­volos y comprometidos y estéticas diferentes con un trasfondo ideológico muy claro”.
 
“Unos bailaban sobre los escombros del pasado, otros estaban interesados en los escombros y el pasado”, resume el periodista, guionista y conductor radial especializado en rock nacional, nacido en 1958 en Mendoza.
 
“Calamaro esbozó en un tema la idea de una mayorí­a de músicos ‘bailando sobre la sangre de los demás’, Charly se peleó con los raros peinados nuevos y luego los reivindicó; Sumo amaba más los sombras que las luces estroboscópicas y Luca, en particular, confiaba más en el lado B de las cosas que en los hits”, grafica.
Esta biografía que el autor intentó cruzar con el cuento “El perseguidor”, de Julio Cortázar, “es una especie de experimento literario, escrito en una era sin Internet, telefoní­a celular ni archivos digitales, por lo cual demandó una enorme cantidad de tiempo y esfuerzo”, asegura el periodista. 
 
-Télam: ¿Qué aporta a esta biografí­a la perspectiva de los años? 
-Polimeni: Hay un encantador misterio, que rodeó y aún rodea a Luca, que lo vuelve un personaje extraordinariamente diferente, un distinto, una especie de extraterrestre que durante unos pocos años interactuó sobre un escenario, la Argentina de los 80, que a su vez ya casi desapareció, o apenas se entrevé en blanco y negro.
El paso del tiempo convirtió en mí­tico el resto, un poco por la tragedia de la muerte temprana del protagonista de una rara historia de amor: un italiano renegado que cantaba en inglés y una Argentina rockera que habí­a edificado un movimiento de rock en que el inglés era casi mala palabra.
 
-T: ¿Qué significado tuvo Luca para sus contemporáneos?
-P: Luca encabezó con Sumo una especie de resistencia tácita a un ánimo frí­volo del “está todo bien porque volvió la democracia, que es buena, buena, buena, y dejamos atrás a los militares malos, malos, muy malos”; y cuando el rock se fue convirtiendo en parte de la cultura oficial se preservó manteniéndose en la contracultura en que se habí­a criado.
En la Londres de los 70 trabajó para la discográfica EMI y formó su primera banda, The New Clear Heads con una estética tipo Joy Division que llevó a un postpunk de ironí­a festiva; tras lo cual, intentando escapar de la heroína y tocado por obras como la de Syd Barrett, Joe Strummer y Lou Reed, llegó a La Cumbrecita, donde creó al legendario Sumo, germen de Divididos y Las pelotas.
 
Siete años le bastarían para cambiar el rumbo musical de ese lejano país que para él era Argentina, el cual lo adoptó a partir de emblemáticos álbumes como el pre Sumo “Perdedores hermosos”, o “After chabón” y “Llegando los Monos” a los que dio vida con el grupo que integraron alternativamente Alejandro Sokol, Alberto “Superman” Troglio, Germán Daffunchio, Diego Arnedo, Roberto Pettinato y Ricardo Mollo.
-T: ¿Cómo es el Prodan mí­tico, al que refiere el libro?
-P: Un extranjero que llegó como un mendigo a un paí­s que apenas conocí­a, más para no morirse en Londres de una sobredosis de heroí­na que para buscar un gran futuro, y terminó armando como terapia un grupo musical que marcó un antes y un después. 
Ser de afuera, no pertenecer, ignorar los códigos locales, le permitió una mirada sobre las cosas, un despiste sobre las conveniencias, que a muchos nos resultó encantadora. 
Ahí­ están sus canciones, para quien tenga dudas sobre su importancia para el desarrollo del rock en la Argentina y por ende en Latinoamérica.
 
-T: ¿Qué espacio ocupa su figura en el mapa musical nacional?
-P: Sin dudas la mesa imaginaria de los 10 más importantes del rock argentino y los cinco más influyentes. Cuando hay obras sólidas, éstas no envejecen; por eso Rimbaud, Baudelaire, Henry Miller, Janis Joplin o Spinetta serán siempre interesantes. Aún contra su voluntad, las mejores canciones de Luca casi que nacieron clásicas. Y si bien el Prodan escénico era más atractivo que el de carne y hueso tomando un té con vos, el de carne y hueso transmitió mucho más de lo que solí­a decir. Un dolor antiguo, unas ironí­as sobre la vida, un cansancio existencial que lo hací­an magnético y al tiempo distante”, concluye.