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Revista el Federal - Mi Pueblo - nota

Refugio “Cerro Áspero”, turismo rural en las sierras bonaerenses

Viajamos para conocer el Refugio "Cerro Áspero" en el Abra del Hinojo (Saavedra, Buenos Aires) allí es posible hospedarse en el silencio de la montaña y hacer caminatas entre arroyos de aguas cristalinas, bosques y cerros. Es uno de los lugares más bellos de la provincia.

Texto y Fotos: Leandro Vesco

El Abra del Hinojo divide en un pequeño valle de increíble belleza los cordones serranos de Cura Malal y de Bravard, entre cerros que tienen nombres como Agua Blanca, Guanaco y Barrancoso, esté el Áspero, que además le da nombre al Refugio de Montaña más alto de la provincia de Buenos Aires. Carlos Eckardt  es el dueño de un pedazo de este paraíso. Lo visitan de todas partes, él sabe que dentro de algunos años, será el centro serrano de turismo bonaerense, por suerte lo visitamos antes.

Atravesar el Abra del Hinojo es un show natural en sí, el camino de tierra serpentea los cerros y penetra por el valle donde los pumas, los ciervos, lobos y liebres son los habitantes que se trasladan por esta naturaleza en estado puro. La huella a veces se pierde entre zanjas y charcos, pero el cielo azul contrasta con el verde salpicado por flores, las aves cruzan este cuadro. Estamos en unos de los rincones más bellos de la provincia. La sierra acá es ondulada, pero majestuosa. De a ratos vemos formaciones rocosas, otras veces pasamos por pequeños humedales por donde se escurren arroyos de aguas cristalinas. El refugio del Cerro Aspero es la catedral para los que eligen acercarse a la naturaleza y separarse del mundo por unos días. El Abra y los cerros ofrecen silencio total.

Carlos Eckardt es un personaje conocido en la zona, su personalidad lo convierte además en un atractivo más. Descendiente de alemanes, no le teme a los desafíos laborales y acostumbrado a vivir en la altura, ve los problemas del mundo desde una perspectiva más clara. “No hay cosa más fiel que el trabajo en el campo, porque siempre te está esperando. Por eso es fácil, cuando dicen que el campo se vacía y que no hay gente que quiera trabajar, lo que necesitamos son servicios. Traé la luz y arreglá los caminos y vas a ver cómo se llena de gente”, afirma.  Hace más de tres décadas que su familia se estableció en esta finca, junto con su padre forestaron el valle y los cerros, y hoy esa idea que tuvo don Eckardt es una realidad incomparable. Las parcelas, y el bosque se ven desde lo alto. “Me acuerdo de cada árbol que planté, es como un hijo, porque recién al cuarto año lo podés largar solo, pero siempre tenes que cuidarlo

El refugio se divide en dos, el que está al pie del cerro es una enorme casa de montaña con capacidad para alojar a veinte personas, tiene todas las comodidades, un enorme hogar asegura calor que llega hasta las camas que están en la planta alta. La decoración es perfecta, elementos hallados en la montaña, y los infaltables cueros de yararás. Afuera el frío se clava en los huesos, pero adentro del refugio se puede estar de remera. “Vienen grupos a pasar algunos días, bikers y cuatris, acá estamos dentro de un circuito que se inicia desde Sierra de la Ventana. Hacemos distintos cerros. Tenemos senderos y de marzo a julio hay mucho movimiento” Las actividades no tienen fin en una comarca así. Las comidas nocturnas al rescoldo del fuego, con una guitarra y alguna bebida espirituosa son inolvidables en la montaña.

“Cerro Áspero” forma parte del grupo Sierra y Pampa que asesora Marina Monje, que a su se articula dentro con los grupos asociativos de Turismo Rural, de Cambio Rural de INTA, que ha creado una red de emprendimientos que potencian la creatividad, el trabajo, la historia y el recurso natural de los habitantes de los pueblos que hoy, con sus proyectos, son el motor de la recuperación de estos lugares que crean un turismo participativo y sustentable.

El lugar, halagado con un paisaje que inspira, acoge y protege, es sanador. ¿Qué puede sorprender a un hombre que es dueño de estos cerros?: precisamente ellos. “Cuando tengo tiempo, subo hasta el refugio más alto y me quedo mirando el paisaje, veo los árboles que plantamos con mi padre, que ahora ya están tan grandes y la belleza del paisaje del Abra enamora”, este refugio, a 600 metros de altura es el más alto de la provincia. Lo hicieron él y un colaborador. Tardaron un año en hacer un sendero y llevar los materiales. “Soné este lugar 10 años, y lo hice en uno”, no hay cosa imposible para el hombre de las montañas.

Hacemos una recorrida por el cerro. “No veo que las cosas vayan a cambiar. ¿Por qué cuesta tanto que se desarrollen estos lugares? Porque es un desafío, por eso los políticos no lo ven. Porque acá tenés que trabajar, y ellos están muy cómodos dónde están. Este es un país a contramano, todo pasa por Buenos Aires, acá necesitamos que llegue un avión a Bahía Blanca y que siga para el Sur, no que vuelva a Buenos Aires”, los visitantes del refugio son aquellos que se han cansado de la sobre explotación de Sierra de la Ventana y buscan un lugar libre de multitudes. Cerro Áspero lo tiene todo, abunda el viento, el silencio y los murmullos del bosque.

Cuando nace o cuando se duerme, el sol se acomoda entre los cerros, oscureciendo la base y bañando de brillo dorado las cimas, el efecto hechiza. Hay oro en esos rayos de luz, la vida que se renueva, los sueños que renacen. “Quiero hacer cabañas para que la gente pueda venir y sentir cómo es vivir en la montaña” El frío se hace notar, la nieve es una compañía regular en los inviernos acá. Carlos Eckardt tiene ojos muy azules, como el color del cielo que no se cansa de ver y admirar, hay planes en su mirada. Las montañas lo oyen. La soledad no se siente, es abrigo y es familia.

Contacto: https://www.facebook.com/sierrasypampa.turismorural