La Escuela N°331 del pueblo Río Chico Abajo (Río Negro) se hizo conocida el año pasado por su triste realidad: sólo una alumna concurría y desde el gobierno provincial bajó la orden de cerrarla, pero la única maestra y el puñado de habitantes del paraje lograron juntar más de 20.000 firmas en Change.Org, el pueblo este año ya no volvió a tener escuela y su alumna no pudo ir al establecimiento más cercano, a 40 kilómetros. A la familia le sacaron la asignación universal por hijo.

La realidad del pueblo no es la misma desde que la escuela cerró. Punto de encuentro de la pequeña localidad que muchos aseguran va camino a transformarse en un pueblo fantasma, la escuela unía a las familias y aseguraba el futuro. Pero el año pasado, y siguiendo con la decisión del gobierno nacional que se profundizó este año de cerrar escuelas rurales, no hubo contemplación con la escuela de Río Chico Abajo, este ciclo lectivo ya no abrió.

El problema radica que en el pueblo, de 280 habitantes, quedó una niña en edad escolar que no pudo retomar su educación  porque la escuela más cerca está a 40 kilómetros. Seguramente para el gobierno la realidad de una sola persona no represente una prioridad, pero la cierto es que el Estado es responsable de que esta niña no pueda continuar con su educación. Para terminar de definir el colmo de la injusticia, a la familia de la niña, de origen mapuche, le sacaron la Asignación Univrsal por Hijo.

La razón del gobierno es que la niña al no concurrir a la escuela, no puede seguir teniendo el beneficio de la Asignación. “Tras la decisión del gobierno de cerrar escuelas rurales, brotan distintos problemas colaterales para los habitantes de los parajes”, explicó al diario Rio Negro la legisladora Magdalena Odarda, crítica de esta medida.

“Una de las mayores preocupaciones es que se esté promoviendo el despoblamiento de la zona, con la intención de desarrollar negocios inmobiliarios para grandes estancieros, como así también la posibilidad de que haya intereses de megaminería. Ambas actividades chocan contra el desarrollo de la agroganadería familiar o en pequeña escala, actividad principal de los actuales habitantes”, agregó Odarda.

Con el cierre de la escuela, el pueblo dejó de tener un centro social y cultural, pero también el daño que provoca esta decisión impensada tiene consecuencias negativas: la conexión de Internet que había en ella y que aseguraba un canal de comunicación con el exterior, ya no está. Para la legisladora, el plan del gobierno se cumplió de un modo brillante: “El fin de una escuela rural es el principio del fin para todo el paraje”, concluyó.

Sin asistencia, servicios educativos ni conectividad, Río Chico Abajo va camino a convertirse en un punto más en el mapa que puede desaparecer.