Por Ezequiel Gandiaga

La vía fluvial del río Paraná corre desde Timbúes hasta Arroyo Seco, en pleno corazón de la pampa húmeda. Allí se concentra el 82 por ciento de la producción de molienda diaria de la Argentina, distribuida en dieciséis plantas procesadoras -las más importantes del mundo-, cada una de ellas dedicada a un tipo diferente de cultivo. Son sólo 67 kilómetros, pero en ellos se concentra una parte importantísima de la productividad agropecuaria, no sólo argentina, sino de los países linderos. Por año desfilan cientos de miles de barcos de distinto calado, que transportan, traen o llevan aceite, granos y todo tipo de productos agrícolas. La asociación civil Fertilizar invitó a El Federal a recorrer la vía para analizar la situación actual, los peligros para la población lindera a las plantas y, además, las dificultades para reponer los nutrientes de la tierra.

Tráfico. La vía fluvial del Paraná es una zona estratégica clave para el transporte marítimo del Mercosur. En 2011 más de 2.450 barcos entraron y salieron con destino al Paraguay y a Bolivia en la mayoría de los casos, y también hacia el resto del mundo. Al estar ubicada en una zona de suelos fértiles en la pampa húmeda -la tierra más rica de la Argentina- se convierte en un lugar clave para la exportación.
Todos estos factores permitieron la instalación de las plantas citadas, para las que se aprovecha hasta la ventaja de tener la tierra en bajada hacía el agua, lo que favorece la carga en los diversos embarques. Quizás el General José de San Martín pudo prever la importancia de estas tierras hace doscientos años, cuando protagonizó en ese mismo lugar la histórica batalla de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813. Sobre esas costas también se libró el recordado combate de Punta del Quebracho en 1527, en la expedición liderada por Sebastián Gaboto, justo donde hoy confluyen los ríos Paraná y Coronda.
Cada planta tiene una capacidad límite de carga, determinada por el tamaño del barco. Algunas soportan embarcaciones de hasta 245 metros de eslora, lo que marca también la cantidad de toneladas de capacidad. Algunos buques completan su carga en Bahía Blanca o en Paraguay, en puertos de aguas más profundas. Cabe destacar que en todo el territorio nacional hay un total de 26 plantas.
Estas complicaciones podrían verse aliviadas con una infraestructura más sólida en el terreno ferroviario y en las rutas. Los cultivos también son retirados de las plantas por camiones (hay un movimiento de casi 2 millones por año en la zona) mientras que los trenes solo alcanzan un número de 180 mil vagones. Esto se debe a la casi nula red ferroviaria nacional, dado que el 85 por ciento de las vías llegan hasta la ciudad de Buenos Aires y alrededores, pero el resto del país aparece desconectado, en una tendencia que se profundizó a partir de la década del 80 con la dictadura militar, y en los años del menemismo. Los camiones son la segunda opción a la hora del transporte, pero el estado de las rutas y los ingresos a las plantas complican la situación.

Crecimiento. Cuando la vía fluvial comenzó a funcionar como la principal arteria del transporte marítimo argentino en 1961, nadie podía aventurar que 50 años después habría barrios residenciales en la zona. El caso más claro es el de la planta del ACA (Asociación de Cooperativas Argentinas) que tiene sus instalaciones en el kilómetro 446 del río, y se logra contemplar desde el agua la aparición de viviendas particulares. Ante esta situación las autoridades han decidido mudar la planta y evitar cualquier tipo de inconveniente, sobre todo los referidos a la salud de los habitantes locales.
Las nuevas tecnologías no quedan afuera en el mundo agropecuario, claro está. Es por eso que ya hay 4 plantas que se encuentran produciendo biodiésel. Una de ellas es la de la multinacional Nidera, que además está en pleno proceso de ampliación de su terminal, para recibir barcazas y poder comenzar a tratar oleaginosas. Se encuentra en etapa de construcción un nuevo muelle de 120 metros por 15.
La recorrida por la vía contó con el aporte y guía de Alfredo Sese y Luis Palermo, de la Bolsa de Comercio de Rosario, Graciela Cordone y Fernando Martínez del INTA Casilda, y el titular de Fertilizar, Pablo Pussetto.
Todos los profesionales aseguran que el mayor problema que tiene la exportación es la búsqueda de diversas técnicas que permitan reemplazar todos los nutrientes que se van en cada barco. Por cada embarcación de 40 mil toneladas promedio, dependiendo del cultivo, se llevan el 10% de nutrientes. Las estadísticas marcan que hace 10 años se sustituían el 42% de los nutrientes, mientras que en la actualidad se alcanza el 36%. Sin embargo es importante acotar que se ha logrado aumentar lenta y progresivamente el rendimiento.

Ventajas. Fernando Martínez, ingeniero agrónomo y perteneciente al INTA Casilda, Santa Fe, comentó a El Federal las principales ventajas de la vía fluvial del río Paraná: “en ella se lleva a cabo el 82 por ciento del procesamiento de granos de toda la Argentina. Además, se muele soja paraguaya y boliviana también. Esto tiene que ver con las características naturales: barranca alta, red de caminos interiores, profundidad del río. Todo es propicio, además de encontrarse ubicado en el medio de la pampa húmeda. La sociedad nacional había montado todo, el puerto de Rosario tal cual como se hizo era funcional al tamaño de barco que había hasta 1914, después quedó obsoleto. Acá se empezó a trabajar en 1960, había una firma que se llamaba Indo y se encontraba en la salida del arroyo San Lorenzo, que fue la primer planta que empezó a extraer soja, en 1961, ahí arranca todo. Las condiciones físicas del río son perfectas. La corriente del río pega contra la barranca, lo más profundo está pegado a la orilla, hasta es más fácil cargarlo porque la mercadería cae para abajo. El río Coronda no tiene caudal como esto, así que después de la última planta quedan 4 kilómetros nada más, y eso vale una fortuna”.
Con un futuro más que auspicioso por delante, la vía fluvial del Paraná tiene en sus 67 kilómetros de extensión, parte del corazón de la movilidad y la producción agropecuaria en la Argentina.