El cóndor, el ave no marina más grande del planeta, es un ave carroñera, es decir que se alimenta de animales muertos, y es así como encuentra muchas veces la muerte, tras comer animales que fueron cazados y que llevan dentro los perdigones de plomo de las balas, lo cual envenena su sangre.

“Las balas de plomo siguen cobrando víctimas aún después de haber sido disparadas”, expresa el comunicado del Programa de Conservación de Cóndor Andino publicado en redes sociales.

Se trata de un ejemplar macho adulto que había sido liberado hace catorce años en la Patagonia. Padre de cuatro pichones, fue encontrado sin vida en la costa atlántica. El equipo técnico de Fundación Temaikén constató en la necropsia que había ingerido su alimento con una bala de plomo.

Los cazadores abandonan sus presas con resto de balas. Los carroñeros ingieren esos restos y les cuesta la vida. En muchos países el uso de balas de plomo está prohibido por ley. Sin embargo Argentina sigue utilizando estas municiones que tienen un tremendo impacto sobre la vida silvestre y el ambiente“, advierten desde el programa que aboga por la conservación de este ave emblemática honrada por los pueblos originarios de Sudamérica.