Por Nicolás Spolansky Calvo / Fotos gentileza Museo Proa

Se puede contemplar, apenas uno pone un pie en el Proa, la calidad y cualidad de los detalles: arrugas, color de piel, mirada, barba y pelos. Uno no deja de sorprenderse sin dejar de hacer algún comentario: “¿Viste? Hasta tiene pelos en la nariz!” Los rostros tienen una increíble expresión, lo mismo que las posturas de los cuerpos. Es que las esculturas de Ron Mueck son increíbles.

Lo primero que uno se encuentra es con un rostro gigante, el autorretrato del autor. Y uno no tarda en preguntarse: “¿Qué materiales utiliza?”. Como buen escultor, usa todos. Pero en general, y para estas obras, utiliza resinas de poliéster, silicona, fibra de vidrio, pinturas acrílicas, pelo natural y otros sintéticos.

Dentro de la muestra se puede apreciar a distintos individuos o parejas en distintas situaciones y contextos: una pareja de ancianos en la playa resumiendo el amor eterno, una joven pareja que aparentemente se prodiga arrumacos, pero a medida que uno va acercándose a la escultura, descubre que los mimos esconden una pelea. Así, uno puede dar rienda suelta a lo que acontece en el ámbito sugerido por el autor.

Aunque son personajes, los recorridos que uno puede hacer alrededor de las obras desde varios puntos de vista, son distintos. Se ven cosas distintas. Además la muestra cuenta con un film que cuenta su mundo en el taller, junto a alguna de sus esculturas, en pleno proceso de producción; algunos tracks de audio guía y, también en la librería del PROA, se encuentra un libro titulado Ron Mueck, entre otras variedades de lectura interesantes.

¿Quién es Mueck?

Ron Mueck nació en Melbourne, Australia en 1958. Siempre estuvo muy cerca del diseño: creó utilería y animatronics para la publicidad. Para los memoriosos y nostálgicos; trabajó para la película Laberinto (1986), donde puso la mano en algunos efectos especiales y hasta interpretó a un personaje. En los años 90 se mudó a Londres, otra cuna importante del diseño, las artes y la música, donde vive actualmente. A mediados de esa década comenzó a hacerse más reconocido por sus trabajos. Fanático del detalle y que las cosas se vieran perfectas, hiperrealistas y manejando los cambios de escala de sus obras, en que amplía o reduce proporcionalmente los tamaños.

Su interés está en la representación de la vida humana. Sobre la vida y la muerte, en situaciones casi cotidianas, casi íntimas. Si uno es más detallista, toda obra tiene una sugerencia o significado que va más allá. Es difícil transmitir por escrito cada cosa que uno ve y cómo sorprende, sobre todo los grandes tamaños, donde uno se siente envuelto en la obra y pequeño a la vez. El desafío para todos es poder encontrarlos y darle significación.

Me queda pedirles que la vean con sus propios ojos y disfruten de una de las muestras más aplaudidas en la que vale la pena ahondar. Porque de eso también se trata. En la visita que hicimos a la muestra para generar esta nota, nos perdimos el café, pero no la vista que tiene la terraza del Proa. La tardenoche en el museo del barrio de La Boca nos trasladó con Diana a una grata charla en la que Mueck, claro, fue el tema de conversación.

Más info:
Hasta el 24 de febrero en
PROA, Avenida Pedro de Mendoza 1929, La Boca, Caminito. Buenos Aires.
De 11 a 19 los martes y domingo. Teléfono 011-4104-1000.
Para el mes de marzo, lo más destacado es la exposición de las obras de Joseph Beuys.