Por Leandro Vesco

Un sueño comienza desde la nada y crece hasta formar un hecho real, lo que sucede en Rondeau es eso: el pueblo dejó de existir hace algunas décadas, la escuela está cerrada, el viejo almacén y la estación de tren, en ruinas. Pero desde principios de año un grupo de ex pobladores y nostálgicos de la identidad rural se han propuesto llevar a cabo la hazaña: volver a fundar el pueblo, por lo pronto ya restauraron el Club, donde hicieron un baile simbólico, construyendo la ilusión inicial para refundar este pueblo perdido en la pampa al sur de la provincia de Buenos Aires.

Rondeau es una construcción colectiva de la memoria de los que alguna vez vivieron aquí y recuerdan a un pueblo que hoy no está. Ubicado en el Partido de Puan, en el año 1942 tuvo 232 habitantes, carpintería, correo, telégrafo, una herrería, la escuela con alumnos, una biblioteca y el Club Atlético Rondeau. Había casas, gente en las calles. Hoy, sólo pasa el viento que obliga a los pastizales a inclinarse constantemente. Un par de árboles entretienen el horizonte interminable. Jorge Tanoni vivía acá hace años, nació acá, y cuando el pueblo dejo de respirar se fue. “Muchas veces tenía que volver, pero lo hacía de noche, no podía soportar ver las ruinas y la oscuridad. Pasaba de largo, apretando los dientes”, la emoción no lo abandonará a este pionero. “Este es el sueño de muchos años. El pueblo se muere en el año 1965 durante el gobierno de Frondizi, que es cuando se comienzan a cerrar algunos ramales. Mi papá era Jefe de Estación. Uno de los últimos que trabajó. El pueblo entró en una decadencia. Pasaron los años. La gente grande vendió sus campos. Los chicos que vivían acá se fueron a estudiar a Bahía. Todos nuestros padres se conocieron en los bailes en este Club”

El Club fue un escudo que protegió la semilla del pueblo.  Sus paredes fueron lo único que se enfrentaron al abandono, los ladrillos fueron puestos con demasiado amor por esta tierra, como para permitir que se desprendieran y cayeran. Desde mayo de este año un grupo de ex habitantes e hijos de antiguos pobladores, coordinados por Jorge decidieron comenzar a darle forma al sueño. Se pusieron de acuerdo y entraron al Club, abandonado desde hacía una Era. “Entramos, estaba lleno de murciélagos, era una tristeza. Un día hicimos una reunión, me trataron de loco, y propuse refundar el pueblo”, el llanto de Jorge resume el delicado sentimiento que crece en este solitario rincón, donde los mapas ya se olvidan de este punto que alguna vez estuvo en la cartografía oficial. Mientras habla, lo acompañan sus escuderos en esta aventura. En pocos meses, el Club volvió a ser una clara referencia entre las vías muertas y los cardos rusos. Fue el acto emotivo simbólico que se usó para comenzar a levantar la refundación. Hicieron un baile a principios de octubre para recaudar fondos. Fue un éxito.

“Lo que han trabajado acá –mira fascinado a sus amigos- todos los que están en Bahía dejan el sábado sus casas y se vienen a Rondeau, esto no se hizo con plata, se hizo con amor, con los chicos, con nuestras familias, ellos se vuelven a Bahía el sábado a la noche y el domingo a la mañana están de nuevo acá. Eso es impagable.  No lo ves en ningún lado” La Diáspora de Rondeau está en Bahía Blanca, allí tienen sus vidas normales, en la cuidad, los fines de semana, el campo y el pueblo que quieren renacer son los escenarios en donde las esposas, maridos y niños tienen esa burbuja de irrealidad que cada vez se endereza más en esta realidad. “Poner en valor el club fue esencial, porque necesitamos atraer gente para que venga al pueblo”, reconoce Daniel Montero, otro de los miembros de este equipo invencible. Emociona ver cómo los niños juegan en el amplio salón del club.

La idea de la refundación es clara.  Ahora las voces forman una sola, el sueño es colectivo y acá se pierden los nombres propios. Todos hablan del regreso de Rondeau en los mapas. Para llevarlo a cabo ya están esperando la personería jurídica de la ONG Néstor Montero, que fue el último habitante del pueblo quien apagó las últimas luces, y que será el medio por el cual puedan conseguir superar las etapas que se han propuesto. “En los terrenos del ferrocarril vamos a parcelar lotes para cinco o seis familias, cada una tendrá huerta, pondremos un criadero de pollos y de cerdos. La producción excedente se la venderemos al municipio, y nos autoabasteceremos con lo que quede” La autogestión es la clave de esta revolución silenciosa con la que los pueblos comienzan a pensar en ser nuevamente espacios de vida.

Experiencias similares se están viendo con regularidad en el mapa de la provincia de Buenos Aires. Recientemente se conoció el caso de Faro, el pueblo de 14 habitantes que transita por el mismo proceso, sus pobladores quieren nuevos vecinos y están gestionando que el Municipio les ceda la estación de tren para hacer allí un Centro Cultural, en el año 2015 Gascón soñó con la repoblación y logró sumar tres familias a su pueblo, iniciando un proceso de aumento de población y generando nuevos proyectos que tienen que ver con la autogestión y la independencia rural. El turismo rural ayuda a dar perspectiva a este proceso, en Puan está el grupo El Abrojal de Villa Iris, que forma parte de la red que creó Cambio Rural de INTA que nuclea a emprendedores que ofrecen un turismo vivencial, en contacto con la naturaleza.

“Una de las condiciones para que vengan familias es que tengan niños con edad escolar”, detallan. Si logran que lleguen diez, la escuela se reabre. Hoy el edificio escolar sobrevive a la inundación de pasto y polvo. “Adentro está todo intacto”, advierte Daniel. Una de las calles del pueblo tiene una visión que resume el acto de fe que está teniendo este grupo de hombres y mujeres, el punto de fuga está en el infinito, donde las vías se pierden, alrededor, campo -mucho espacio-, a un costado las ruinas del viejo almacén, atrás la escuela y en uno de los vértices el Club, desde este lugar se ve germinar la visión que todos aquí tienen en su mente: Rondeau con casas, huertas, niños y huellas de pisadas de familias que puedan tener aquí una oportunidad para crecer en la felicidad natural.