La rosa mosqueta (rosa rubiginosa) es una especie arbustiva exótica que ha invadido grandes extensiones de tierras de la región andinopatagónica. Crece de forma silvestre o cultivada en regiones de clima lluvioso, frío y generalmente en suelos pobres de llanos y montañas de poca elevación. El arbusto puede llegar a medir hasta dos metros de alto y tres metros de diámetro en agrupaciones; sus tallos son flexibles y curvos, cubiertos de espinas de color violáceo. Sus ramas, llenas de flores blancas y rosadas, son delgadas y repletas de espinas. Cuando sus pétalos caen, la planta desarrolla un fruto rojizo de forma ovalada, repleto de unas enormes semillas (constituyen el 70% de su peso). Las flores tienen un característica olor “almizcle”, que emanan de los estambres. Sus frutos han tenido una rápida aplicación en las dulcerías familiares, especialmente en la zona de Bariloche y El Bolsón, entre otras. En el país, se la puede observar en el Parque Nacional Lanín, Parque Nacional Nahuel Huapi y Parque Nacional Los Alerces. Fue introducida por los conquistadores debido a su efecto antiescorbútico, ya que el tenor de vitamina C es muy superior al de los cítricos.

– La rosa mosqueta se cultiva tradicionalmente como ornamental; es resistente, y tolera niveles de alcalinidad elevados en comparación con especies similares. No requiere suelo fértil ni buen drenaje, y es tolerante a la sequía y a numerosas enfermedades.

– La floración se produce una sola vez por temporada.

– Es originaria de Europa Central, Polonia, Balcanes, Hungría, Rusia y el Cáucaso.

– Hay más de cien especies de rosa mosqueta, pero en la Argentina sólo se encuentran la rosa rubiginosa, la más común, y, en menor medida, la rosa canina y la rosa moschata.

– Es difundida por los animales, especialmente vacunos y equinos, que utilizan la planta como fuente forrajera. Invade tierras de aptitud agrícola sin cultivar, de la zona cordillerana.

– Las plantas de rosa mosqueta son un refugio ideal para roedores debido a la protección que ofrece y a la cantidad de frutos y semillas -en la base de la misma- que les sirven de alimento.

– De la semilla se extrae el aceite, cuyas bondades para usos dermatológicos son famosas desde fines del siglo XIX. Estudios realizados indican que este aceite contiene niveles elevados de ácidos grasos esenciales poliinsaturados (EFAs), linoleico y linolénico, los responsables de la beneficiosa acción del aceite de rosa mosqueta en la regeneración de la piel. Elimina las manchas, previene el envejecimiento y el cáncer de piel provocado por exposición a las radiaciones solares.