Hace ya unas cuatro décadas, Nello Príncipi, maestro mayor de obras, violinista y periodista de pesca de larga actuación en el diario El Día de La Plata y la revista Weekend daba a conocer las primeras noticias de la pesca deportiva del bagre de mar, con ejemplares que metían miedo, pues rondaban entre los 15 y los 25 kilos. La Balandra, cerca del puerto de La Plata, era uno de los epicentros donde se embarcaban en búsqueda de estos colosos.
El tiempo generó los primeros seguidores de esta especie. Incluso descubrieron que se adentraba a desovar en los pozos del Barca Grande y el Paraná Guazú inferior, con lo que las lanchas de la zona norte del Gran Buenos Aires tenían pesqueros mucho más a mano. Lamentablemente, esta pesca en el lugar donde nacen más la siempre presente y mucho más dañina matanza indiscriminada para la venta produjeron sensibles bajas, tanto en cantidad como en peso. Actualmente es muy difícil capturar ejemplares que sobrepasen los cinco kilos. No obstante, resulta muy entretenida su pesca, mucho más en la zona sur del Río de la Plata, ya que, al practicarse en aguas mucho menos profundas (un máximo de ocho metros), pueden usarse equipos más livianos, pues no hay necesidad de colocar plomadas más grandes que cien gramos para que se apoyen rápidamente en el fondo, donde comen estos silúridos.

Buen comienzo. Cuando se afirmó esta primavera ya empezaron los piques, y un buen guía, como Héctor Hall, de la ciudad de Berisso, nos llamó para hacer una de las primeras notas. Héctor cuenta con dos embarcaciones: un barco de navegación más lenta, pero con mayores comodidades a bordo, y un trucker, de características opuestas, y el que usamos en esta oportunidad junto a Mario Campanella y Coco Bartolomé. El río se presentaba casi planchado y, por tanto, no había problemas en alejarse unos 45 minutos del puerto. El único inconveniente, precisamente a causa de la citada falta de viento, fue la densa niebla que impidió la salida temprana. El puerto estaba cerrado y Prefectura Naval Argentina lo abrió recién a media mañana.
Esto no impidió que se lograra una media docena de piezas que, para el inicio de temporada, buscando aún los lugares de concentración y con menos horas de pesca, implica un buen inicio.
En esta salida usamos cañas Shimano Voltaeus, de un solo tramo, con reeles Spinit cargados con multifilamento de 0,14 mm. La línea madre estaba confeccionada con monofilamento de 0,40 mm, plomo pasante de 60 gramos en el medio o tomado con un conjunto de esmerillón y mosquetón que a su vez rotan sobre la madre, todo rematado por un anzuelo, pata larga o pata corta, 5/0 o 6/0.
La carnada desempeña un papel primordial: debe ser preferentemente anchoa de mar, salada y fresca, lo que nos asegura su consistencia al ponerla en el anzuelo, ya que se coloca con una sola pasada y se la asegura con hilo elástico de atar carnada, muy práctico y de fácil disposición en el anzuelo. La otra opción es encarnar la anchoa junto a un trozo de calamar fresco, dejando libre la traba del anzuelo y, a su vez, colgada parte del calamar.
El pique se detecta generalmente por fuertes toques. No hay que apurarse, pues el bagre tiene dientes como lijas con los que va apretando la carne blanca ofrecida para deshacerla. Si no dejamos que se coloque el bocado bien dentro de sus fauces, se lo sacaremos con el tirón que demos desde la embarcación. Con un poco de paciencia se logra el tiempo justo para clavarlo.
Una vez ensartado en el anzuelo, el bagre de mar da fuertes cabezazos buscando generalmente el fondo. Con equipos livianos es una pesca muy divertida pues vende cara su derrota. Una vez que se lo sacó y manipuló con cuidado en la embarcación, aconsejamos devolverlo a su medio, como todo lo que pescamos y que no se repone por piscicultura, es decir, menos las truchas en ambientes que se repueblan y los pejerreyes, siempre respetando los cupos que establecen los respectivos reglamentos.
Una pesca de espera, diferente, más tranquila que el baitcast, el spinning, la mosca y el trolling, pero con buenos resultados para esta época de primavera en la zona central y sur del estuario platense, tan rica en especies, pues ya están picando muy bien los dorados, aunque estos serán tema de otra nota.