Por Sonia Renison. Redactora Especial a cargo de Viajes y Turismo.

Chiquitas, redondas y negras, las uvas tintas salteñas protagonizan por estos días la vendimia del camino del vino de altura. Justo ahora cuando apenas termina la fiesta del Sol en San Juan y la de la vendimia mendocina, donde el año pasado el ministro de Turismo de la Nación, Carlos Enrique Meyer, lanzó la marca del enoturismo: “Argentina,
tierra de vinos”.

Lo cierto es que en la última los salteños han diversificado las cepas y si el torrontés fue la estrella hace 15 años hoy las diferentes opciones convocan a especialistas y amateurs a conocer este mundo vino que cada vez es más amplio. Lo colosal, está en recorrer los Valles Calchaquíes que para este final de verano ofrece un sol pleno al mediodía, aunque a la noche y a la mañana, el frescor acompaña el escenario natural de ensueño que abrazan las montañas.

Los pueblos que se salpican a un lado y al otro del río Calchaquí se adivinan desde la mítica Ruta Nacional 40, desde donde se ven los viñedos. San Carlos, San José, La Viña y más al norte, Cafayate, Cachi, Payogasta, Molinos, Angastaco, Animaná, entre otras localidades vallistas, son el enclave para descubrir las perlas que ofrece la tierra.

La entrada a Cafayate es triunfal con el sinfin de fincas de viñedos que acompañan la travesía. Un clásico a mano derecha son las antiguas casonas de la familia Mitchel Torino, hoy conocida la finca como El Esteco (cuya etiqueta Don David Malbec es una de las perlas), linda con la antigua residencia familiar que a manos de una cadena internacional, ofrece el Wine Spa Resort donde hasta las lociones para el cuerpo y el cabello son a base de uvas y el hospedaje de alta gama en la habitaciones y salas originales y otras aggiornadas, con el nombre Patios de Cafayate.

Justo enfrente, “Pequeña Vasija” es una de los establecimientos más antiguas en pie. Y avanzando hacia el corazón del pueblo la familia Domingo tiene otra opción en uno de sus hijos que desplegó una línea gourmet de quesos de cabra con especias. Pero es al final de la calle, donde el camino se bifurca hacia el cerro El Cajón, y el hospedaje “Viñas de Cafayate”, muestra sus arcadas coloniales y ventanales directos a las viñas.

El recorrido se sumerge en la entraña del corazón Calchaquí, y allí es la cita infaltable de cada año. Saliendo del casco del pueblo, yendo por el antiguo camino al paraje El Divisadero está Finca Las Nubes, donde el 22 de marzo se realiza la “Cosecha entre amigos”. Desde las ocho en punto, hay que acercarse al lugar y comenzar junto con el sol que asoma desde un macizo montañoso. Arrancan así, los primeros pasos para la cosecha en la que el enólogo José Luis Mounier junto con su compañera de toda la vida, Mercedes, y sus hijos, invitan a compartir el momento especial de la cosecha. Hay artistas, zanqueros, tejedoras, ceramistas. Y todos, entre músicos y amigos del mundo, toman las tijeras, los guantes y una tolva para cosechar cada racimo.

En unos pocos minutos, el propio José Luis explica cómo tomar la uva con las manos sin dañar los granos ni manosearla, cómo cortar para que el racimo se extraiga entero de la planta. Y así, son cientos de personas que en esta fiesta se suman, incluso viajeros extranjeros que comparten el trabajo para esta fecha, que va por su undécimo aniversario. Hay asado al mediodía y el final, con música, se extienden más allá de la caída del sol.

Hay mucho más en el camino. Una de las personas que también reparte alegría en esta semana, es Alejandro Alonso quien un poquito más al norte, en Payogasta, terminó la cosecha de la uva Merlot y la cavernet sauvignon. Ahora se viene el turno del malbec.

Payogasta es un pueblo pequeño, a menos de media hora de Cachi. Y su principal casona, Sala de Payogasta alberga la historia del lugar y de la provincia. Porque fue la vivienda de un lugar teniente del General Güemes: Hoy sus bisnieto la dirige y toda la producción es orgánica, es decir, sin aditamentos químicos. Desde la cría de las ovejas para lana hasta los pimientos y por supuesto, la uva, son parte de este emprendimiento que a un lado de antiguo establecimiento hace lucir aún más los muros anchísimos de adobe.

La “sala”, como se le dice en el Norte argentino a los cascos de estancia, guarda las galerías de antaño y los postigón son originales. La madera noble de las aberturas y los techos altos de los ambientes de esta histórica finca, con los tirantes de algarrobo y las cañas, son wwwigos del paso del tiempo y los silencios se interrumpen sólo cuando el viento recorre los patios a donde convergen los cuartos. Este sitio fue elegido por la calidad de sus servicios. Un sector de la antigua casona fue restaurado y re acondicionado para albergar un Spa.

El salteño es, al final, un camino del vino pensado para el placer en casi todas las acepciones. Para quienes lo descubren recién ahora deben saber que los datos de la historia relatan que fueron los jesuitas los primeros en traer viñedos a estas alturas. Antiguamente, el vino era trasladado en vasijas. Pero las pérdidas eran grandes, porque muchas sucumbían en el camino. Hasta que se instalaron y plantaron las primeras vides en los valles que dieron sus frutos.

Marzo culmina con los días de las festividades de Pascua. Y es el momento ideal para estar atentos a cada festejo que ofrecen estos pueblos de encanto que subyugan al visitante que recorre estas montañas.