Ocho familias provenientes de seis parajes rurales de localidad de Morillo, Salta, transformarán su calidad de vida a partir de la construcción de seis cisternas de placa de cemento, en las que pueden captar y almacenar 16 mil litros de agua de lluvia para usos múltiples.

Se trata de un proyecto especial del programa ProHuerta, una política pública del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), que desde 2016 puso en marcha más de 600 iniciativas de desarrollo rural integral, que permitieron beneficiar a más de 50 mil familias rurales, urbanas y periurbanas de todo el país.

Antes, las familias de los parajes de Morillo debían acarrear agua en bidones o tachos para acceder al agua, que esporádicamente era abastecida por un camión de la municipalidad de Morillo. Las cisternas fueron construidas con la asistencia técnica del INTA y la participación directa de la comunidad local como mano de obra.

La actividad principal esa zona es la ganadería de bovinos a monte abierto, para lo cual es esencial contar con agua de calidad y en cantidad para los animales.

Todos los proyectos que lograron ponerse en funcionamiento tuvieron un prolongado contacto con el grupo, familia o la asociación y eso es, para mí, la mayor garantía para que el proyecto llegue a concretarse”, subrayó Boasso.

Desde 2016 ProHuerta construyó 571 cisternas en todo el país, además de haber realizado 90 perforaciones, 16 tanques australianos, 15 represas y más de 500 protecciones de vertientes.

Por otra parte, desde la Coordinación Nacional de Transferencia y Extensión del INTA y junto con la Unidad de Cambio Rural (del Ministerio de Agroindustria de la Nación), mediante distintos trabajos enmarcados en un proyecto de adaptación al cambio climático en el NEA, se contribuyó a que más de 1.200 familias y 11 escuelas hoy cuenten con acceso al agua para uso integral, por medio de 460 obras en Chaco, Santa Fe, Santiago del Estero y Corrientes.

Se trata de sistemas de captura y almacenamiento de agua de lluvia, considerado por los especialistas como una tecnología apropiable y de bajo costo. Si bien su construcción es sencilla, es exigente en cuanto a los materiales y el procedimiento.

Cada módulo consiste en una estructura de madera para techo de chapas de 48 metros cuadrados, canaletas y bajada de PVC, filtro y cisterna con una capacidad de 16 mil litros.

Para su construcción, se realizó una serie de talleres en los que se capacitaron a las familias anfitrionas quienes, además, colaboraron activamente en el proceso. Las cisternas se construyeron en base al modelo de ASA de Brasil (ONG del semiárido brasileño) y con los pasos detallados en el libro de Ediciones INTA.

Al finalizar el proyecto, la organización recibió un juego de moldes para armar las placas y vigas para la cisterna, lo que le garantiza tener las medidas exactas para asegurar la estabilidad y estanqueidad del almacenamiento.