La tortuga cabezona se clasifica en estado “vulnerable” de conservación según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Los pescadores Roberto Ubieta y Alejo Vera colaboran voluntariamente con la Fundación Mundo Marino, rescatando las tortugas marinas que quedan atrapadas en sus redes de pesca. En lo que va del año ambos rescataron 16 tortugas, entre cabezonas y verdes (Chelonia mydas).

Una de las tortugas halladas atrapadas en las redes presentaba una importante infección en sus fosas nasales, ya que sus vías respiratorias altas estaban totalmente obstruidas por un absceso. “A través de radiografías y de rinoscopias pudimos determinar que el foco infeccioso estaba concentrado en las fosas nasales, ya que nuestra preocupación era que también se haya expandido a los pulmones”, explica Hiram Toro, coordinador operativo del equipo veterinario del Parque Educativo Mundo Marino.

Esta tortuga ingresó a la Fundación Mundo Marino el 7 de enero del presente año, por lo que su proceso de rehabilitación llevó más de dos meses. En el caso de la otra tortuga cabezona que se reinsertó, simplemente se la estudió para corroborar que no tuviera síntomas de ahogamiento por el enmalle en redes. Su rehabilitación duró pocas semanas.

En lo que va de año, diez tortugas rehabilitadas defecaron plástico durante su proceso de rehabilitación. Si bien las dietas de cada una de las especies difiere, esto sucede porque ellas confunden su alimento natural (medusas y fauna gelatinosa) con distintos tipos de plásticos que se encuentran en el mar. Una realidad que también encuentra sus causas en los censos de basura en playa que hace tres años viene realizando Mundo Marino en conjunto con otras organizaciones. Según la última edición de ese censo, el 82 por ciento de la basura registrada durante 2018 estuvo compuesta por plástico.

“El plástico en las tortugas desencadena una serie de consecuencias fisiológicas negativas que pueden llevarlas a la muerte. La acumulación de ese material en su tracto intestinal afecta su capacidad de buceo y de inmersión por la gran cantidad de gas que genera”, explica Karina Álvarez, bióloga y responsable de Conservación de la Fundación Mundo Marino.