2×1. Esa es la relación que existe, según los productores agrarios, entre lo que comen de pastura las ovejas y los guanacos. En campos ralos patagónicos esto ha sido en los últimos diez años ejes de prowwwa. Ahora bien, el despacho en comisión que emitió la Cámara de Diputados santacruceña con el número 096, que considera al guanaco “perjudicial”, se basa en que ocasiona muertes en accidente de transito, dado que este camélido americano logra saltar los alambrados clásicos de los campos y en manada cruzar por las rutas. Es cierto que es un animal silvestre, autóctono y que vive, por ende, en libertad. “Lo que no se puede determinar, porque no hay estudios que así lo comprueben, es cuántos accidentes de autos hay por los guanacos”, le dijo a El Federal el director del Grupo de Investigación de Ecofisiología y Fauna Silvestre, Pablo Carmanchahi, del Conicet, que depende del Instituto de Biodiversidad y Medio Ambiente con sede en San Martín de Los Andes, Neuquén, y que integra, además, una asociación de especialistas en camélidos americanos y también en la Unión Internacional para La Protección de las Especies.
De las cuatro especies de camélidos americanos, la llama y la alpaca son las domesticables, mientras que los guanacos y las vicuñas son silvestres, viven en libertad. En el detalle de la fibra, la vicuña y el guanaco presentan la fibra más fina, alcanzando la primera entre 13 y 14 micrones, mientras que el guanaco puede oscilar entre las 14,5 y 17 micrones, que determina una finura que los ubica entre las fibras semipreciosas del mundo. El problema real que ha existido fue lograr la cría en cautiverio, para lo cual desde el alambrado olímpico hasta las pasturas han sido escollos en la inversión y la paciencia en su explotación, que generó controles para su comercialización a nivel internacional, por lo que sólo se puede introducir en el mercado la fibra y los tejidos extraídos de ganado vivo.
Una de las experiencias más conocidas es la que lleva adelante la familia Mazquiarán, de la estancia Don José en el oeste sur de Chubut, en Río Mayo, donde diez años atrás lograron hacer la primera esquila de un guanaco. La cría en cautiverio la desarrollaron durante unos veinte años logrando cumplir con el ciclo productivo al adecuar una máquina especial “descerdadora” al grosor de la fibra de guanaco, y que diseñaron en Europa y trajeron aquí. Además convocaron a unas sesenta tejedoras de la región que trabajan en el Proyecto Guenguel. Las prendas y telas que se logran con  esta fibra son de muy alta calidad pero poca cantidad, lo que los llevo a estar en mercados exclusivo de la costura en Tokio, Canadá y Roma. Hay experiencias en Río Negro y para Pablo Carmanchahi otro proyecto es el que han desarrollado en la Payunia, una zona protegida al sur de Mendoza, donde con pequeños productores lograron impulsar un proyecto productivo con cría en cautiverio de el guanaco y aprovechamiento de la fibra con la que los productos han llegado a Los Estados Unidos. Claro que el ritmo de inversión y recupero no es el que se acostumbra con la oveja en el sur, como en Santa Cruz, “y de todas las reuniones que hemos hecho para profundizar los proyectos de desarrollo y aprovechamiento del guanaco, en Santa Cruz nunca estuve presente”.
El guanaco ha sido una especie que fue perdiendo territorio cuando siendo autóctona poblaba desde la costa del mar hasta la Cordillera, casi toda la Argentina. Hoy en día, han sido repobladas algunas zonas como la experiencia en el Parque Nacional Quebrada del Condorito, en Córdoba, donde se reintrodujeron manadas criadas en Río Negro. La autoridad de aplicación de esta resolución, en Santa Cruz, es el Consejo Agrario Provincial que dirige Julián Fueyo, a quien le dirigieron una carta para que se revea la posición los especialistas en camélidos. Para muchos, “esto recién empieza”, y la preocupación fundamental es que se suscite una matanza de guanacos porque son “perjudiciales”. Cuando tendría que ser al revés, lograr proyectos que se basen en la explotación de este animal, dando trabajo a la gente. Incluso, el año pasado hubo una experiencia en Puerto San Julián donde el intendente logró que mediante controles bromatológicos y un criadero de guanacos, se vendieran en tres supermercados del lugar tres cortes diferentes de carne.
Se sabe que la carne del guanaco es roja y una de las más magras. Pero falta para lograr encarrilar esta experiencia en toda la cadena bromatológica que exige el Senasa para que se produzca el ciclo completo de la producción y comercialización estable. El tema comercial ha sido un eje en el retraso de los desarrollos de los productos, aunque por la falta de seguridad en el recupero de la inversión, según la mirada de los privados. La visión real es que a largo plazo, el guanaco sería ideal para preservar la tierra y, por ende, las pasturas. Es que al tratarse de una especie autóctona está preparada para el ambiente patagónico: sus patas cuentan con almohadillas plantares (como la de los gatos) que no dañan el suelo. Y su forma de alimentarse es cortar el brote de la pastura, a diferencia de la oveja y la cabra, que arrancan de raíz la hierba y lo poco que queda lo cortan con las pezuñas, que alisan el suelo. El daño a la tierra incluye que, de tan pisoteada, el poco agua que llega no se escurre y corre lavando el suelo. Se podría entonces hablar de proyectos de desarrollo productivos sustentables, con una especie autóctona en la que todas las localidades podrían participar. Por ahora, una resolución a contramano del mundo declara a la especie “perjudicial” cuando todos apuntan a lo sustentable y natural. La decisión levantó polvareda en el sur patagónico y los actores y especialistas pusieron el grito en el cielo. Continuará.