Parece poco pero es mucho: seis pingüinos volvieron a vivir después de que la Fundación Mundo Marino realizara exitosamente el tratamiento y posterior liberación de seis pingüinos magallánicos que presentaban un grave cuadro de contaminación por hidrocarburos.

Las aves provenientes de la provincia de Santa Cruz a través de Áreas Protegidas (Consejo Agrario Provincial) fueron rescatadas y estabilizadas  por el equipo de Guardafaunas de Cabo Vírgenes. Desde allí fueron trasladados al Centro de Rehabilitación de Animales de la Fundación Mundo Marino, en San Clemente del Tuyú, dónde personal especializado removió el contaminante de sus plumas y llevó un registro completo de su evolución, lo que permitió que las aves alcancen luego el alta médico.

Esta entidad privada lleva, en lo que va del año, 37 pingüinos liberados. En los últimos años ese número es de 3.000 ejemplares de aves asistidas y más de 8.000 animales de diferentes especies atendidas. En esta última liberación, participaron alumnos de la Universidad del Salvador y de la Universidad Nacional de La Plata.

El pingüino de Magallanes es la especie de aparición más frecuente y constituye cerca de 90 por ciento de los casos atendidos. En Argentina se distribuyen desde la Península de Valdéz hasta la Isla Martillo, en el Canal de Beagle. Su hábitat es variable; desde costas bajas y arenosas hasta costas pedregosas de pendientes diversas o zonas arbustivas donde aprovechan la vegetación disponible para localizar sus nidos.

De la población mundial estimada en 964.000 parejas reproductoras, 63 colonias están en nuestro país. Lamentablemente, a pesar de su abundancia, esta especie es vulnerable a la acción humana, situación por la cual la se modificó su status: de especie en bajo riesgo (en el año 2000)  al de especie  cercana a amenaza en 2004. 

Durante su primer año de vida el plumaje es predominantemente gris, sin la diferenciación de anillas. Al año siguiente mudan su plumaje por el característico negro con las anillas que se distribuyen en torno al rostro y pecho. No hay diferenciación entre los sexos, si bien los machos suelen ser más robustos. Su alimentación consiste principalmente en pequeños peces, crustáceos y cefalópodos, aunque la dieta es altamente variable en distintas colonias. Atrapa sus presas casi siempre de día, buceando a una profundidad aproximada de entre 20 y 50 metros. Durante la noche descansan en la superficie.